ยซNo es la economรญa, estรบpido; es la ideologรญaยป
… siempre lo ha sido.
(Ver 1ยช parte. EL CAPITAL DEL SIGLO XXI. UN LIBRO MOLESTO)
Treinta minutos de lectura.

Como hemos visto en el post anterior, Thomas Piketty publicรณ en 2013 su mamotreto de 950 pรกginas EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI. Seis aรฑos y una crisis mas tarde, despuรฉs de haberle dado a la economรญa polรญtica mundial el palo mรกs grande de las รบltimas dรฉcadas, publicรณ otro tocho aรบn mayor, este de mรกs de mil pรกginas.
Con El capital en el siglo XXI ya se habรญa ganado el derecho a escribir de lo que le diese la gana, y lo que le dio la gana fue meterse de lleno en algo que los economistas acadรฉmicos eluden: la historia de las ideas, el papel que la religiรณn y las ideologรญas historicamente han desempeรฑado en la construcciรณn de las identidades polรญticas, y por quรฉ los seres humanos aceptamos sistemas de desigualdad que nos perjudican abiertamente.
El libro no tuvo la repercusiรณn mediรกtica del primero. Vendiรณ bien, claro, pero esta vez no provocรณ el mismo terremoto. La razรณn es sencilla: El capital en el siglo XXI molestรณ porque mostraba que el capitalismo generaba desigualdad. Capital e ideologรญa molestรณ aรบn mรกs porque demuestra que la desigualdad no es un accidente del sistema, sino su consecuencia consciente y deliberada. Eso duele mรกs, porque implica que quienes defienden el statu quo no son ingenuos, son cรณmplices. Eso ya era demasiado, hasta para un outsider como Piketty.
LA DESIGUALDAD NO ES UNA LEY NATURAL, ES IDEOLOGรA.
Esta es la tesis central, aquรญ Piketty empieza por donde otros terminan. Dice que ninguna sociedad, por muy desigual que sea, puede mantenerse sin un relato que legitime esa desigualdad. Los esclavos de la antigรผedad aceptaban โquรฉ remedioโ que nacรญan para servir. Los siervos medievales creรญan que la jerarquรญa feudal era el orden divino. Los obreros del siglo XIX tragaban con la pobreza porque la burguesรญa les vendรญa que el mรฉrito personal lo arreglaba todo. Y nosotros, ahora, aceptamos la desigualdad del siglo XXI porque nos han contado que el mercado es lo natural, que la propiedad privada es sagrada, y que quien es pobre lo es porque no se esfuerza lo suficiente.
Piketty dice que estas ideologรญas son narrativas de poder, construidas por quienes se benefician del sistema, para que quienes lo sufren no se rebelen. Y que esas narrativas van cambiando con el tiempo, se adaptan, se renuevan, pero siempre cumpliendo la misma funciรณn: mantener intacta la estructura de la propiedad.
El libro recorre la historia de la humanidad desde las sociedades tribales hasta el presente, pasando por la sociedad de castas de la India, el orden estamental europeo, las propiedad esclavista, el colonialismo, el comunismo soviรฉtico y el hipercapitalismo actual. En cada etapa, Piketty identifica la ideologรญa dominante que justificaba quiรฉn tenรญa quรฉ, y cรณmo esa ideologรญa se traducรญa en reglas fiscales, en derechos de propiedad, en acceso a la educaciรณn, en fin, en el reparto del poder polรญtico.
ยซNo basta con estudiar el capital, hay que desentraรฑar las mentiras que lo justificanยป
Tras la publicaciรณn en 2013 de EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI, el superventas que le habรญa convertido en una estrella incรณmoda de la economรญa mundial, muchos esperaban una continuaciรณn con mรกs datos, mรกs grรกficos, mรกs demostraciรณn de que R > G* seguรญa matando de hambre a la meritocracia. Pudo haberlo hecho, pero Piketty es un tipo honrado. Ya no se necesitaban mรกs evidencias apabullantesโestaban ahรญ, en su anterior libroโ ahora tocaba dar una explicaciรณn sobre porquรฉ la gente, pese a todo, seguรญa tragรกndose el cuento. Porquรฉ los obreros votan a los millonarios, porquรฉ los paรญses mรกs desiguales son los que mรกs claman contra los impuestos, porquรฉ la desigualdad, incluso la corrupciรณn descarada, no solo no provoca revoluciones, sino que a veces hasta parece premiar a quienes la promueven.
(*) Para los que se perdieron el comentario al libro EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI, la formula R > Gย se explica asรญ: (R) viene a ser la rentabilidad de capital (beneficios de inversiones, rentas, propiedades, etc.), mientras que (G) por su parte representa el crecimiento econรณmico (PIB, salarios). Esta fรณrmula representa al capitalismo en su estado natural y viene a decir que cuando la rentabilidad del capital es mayor que el crecimiento econรณmico, la riqueza se acumula en manos de los propietarios del capital y los que tienen el dinero se lo quedan todo sin mover un dedo, mientras que los que viven de su trabajo o de su ingenio ven cรณmo su porciรณn de pastel es cada vez mรกs pequeรฑa.
La respuesta, dice Piketty, es la ideologรญa. La ideologรญa inducida desde la infancia, por los medios, la escuela, la iglesia, la familia. La que convierte en natural lo que es arbitrario, lo injusto en inevitable, lo reciente en eterno. El capitalismo no se sostiene solo por la acumulaciรณn de riqueza, sino por la acumulaciรณn de relatos que hacen que esa riqueza parezca justa.
DE LA ECONOMรA A LA HISTORIA: UN CAMBIO DE REGISTRO
Capital en el siglo XXI era un libro de economรญa con historia. Capital e Ideologรญa es un libro de historia con economรญa. Piketty pasa de los 950 pรกginas del primero a las 1.200 del segundo, pero ahora en vez de fรณrmulas matemรกticas habla de la Francia del Ancien Rรฉgime, de la India colonial, de los Estados Unidos esclavistas, de sociedades-casta y repรบblicas soviรฉticas. Piketty defiende que las desigualdades econรณmicas no nacen de la naturaleza humana ni de las leyes del mercado, sino de decisiones polรญticas disfrazadas de destino ineludible.
El libro arranca con una idea que impacta por su simplicidad: las sociedades humanas siempre se han inventado narrativas para justificar la preeminencia de unos sobre otros. En las sociedades triestamentales de la Edad Media โla Francia de los tres estados, la India de las castas, ยกlas Cortes del Reyno de Navarra!โ la divisiรณn entre clero, nobles y pueblo llano no se presentaba como una cuestiรณn econรณmica, sino como una cuestiรณn de orden cรณsmico. Los nobles luchaban para proteger a todos, el clero rezaba por las almas de todos y la plebe trabajaba… tambiรฉn por todos. Cada uno en su sitio, como Dios manda. Que el sitio del noble incluyera derechos de pernada, tierras inmensas y exenciรณn fiscal era un daรฑo colateral del orden natural.
Piketty no se rรญe, no observa como quien mira el pasado desde la superioridad del presente. Al contrario: dice que nosotros hacemos exactamente lo mismo. Que la ยซmeritocraciaยป de hoy es la ยซtriestamentalidadยป de ayer, con otros nombres y otros disfraces. Que cuando un CEO cobra 300 veces el salario de un empleado y lo justifica con su ยซtalentoยป, estรก reproduciendo la misma lรณgica que cuando un duque justificaba sus privilegios con su ยซsangre azulยป. La diferencia ni siquiera es รฉtica, es pura retรณrica.
LA PROPIEDAD: UNA INVENCIรN RECIENTE QUE PARECE ETERNA
Uno de los capรญtulos mรกs importantes es el dedicado a la historia de la propiedad privada. Piketty nos demuestra que lo que hoy llamamos ยซderecho a la propiedadยป es una invenciรณn del siglo XIX. Reconoce que el derecho a la propiedad existe desde la antigรผedad, pero tambiรฉn dice que la idea de propiedad como derecho absoluto e intocable sรญ es moderna. En las sociedades premodernas, la propiedad estaba siempre limitada: el seรฑor tenรญa tierras, pero tambiรฉn obligaciones para con el rey, la iglesia, los campesinos. La propiedad no era solo un privilegio, tambiรฉn era una carga. La idea de que uno puede hacer con su propiedad lo que le da la gana, incluyendo destruirla o acumularla sin lรญmite, es tan moderna como la mรกquina de vapor.
Y esto es importante, porque la ideologรญa dominante presenta la propiedad privada como un derecho natural, anterior al Estado, y que el Estado solo puede actuar sobre ella para protegerla. Piketty lo desmonta con ejemplos histรณricos: La Revoluciรณn Francesa, discutiรณ durante aรฑos sobre los lรญmites de la propiedad antes de codificarla en sus leyes republicanas. La esclavitud, en el sur de Estados Unidos, se defendรญa como una forma de propiedad privada inviolable, la guerra civil acabรณ con esa ยซpropiedadยป porque la sociedad americana decidiรณ que habรญa unos lรญmites. La propiedad intelectual, las patentes, las marcas, son creaciones estatales recientes que el mercado no habrรญa generado por sรญ solo.
La conclusiรณn es otra vez incรณmoda: la propiedad es una construcciรณn social, no un hecho natural. Y como construcciรณn social, puede reinventarse, puede estar sujeta a lรญmites y normas. No hay nada inmutable en que un puรฑado de familias posea mรกs riqueza que el 90% de la humanidad. No es un orden natural, no es el destino. Es una elecciรณn polรญtica, disfrazada de teorรญa econรณmica.
LAS SOCIEDADES ESCLAVISTAS: EL EXTREMO DE LA DESIGUALDAD
Piketty dedica un espacio considerable a analizar las sociedades esclavistas como una forma extrema de propiedad privada que ejemplifican las formas mรกs suaves de desigualdad actual. En el sur de Estados Unidos antes de la guerra civil, los esclavos representaban el 50% de la poblaciรณn pero el 0% de la propiedad. Eran, literalmente, propiedad de otros. El valor del capital esclavista superaba en algunos estados al valor de todas las tierras y edificios juntos.
Lo que interesa especialmente a Piketty es la ideologรญa que sostenรญa la barbarie de la esclavitud. Los plantadores del sur se consideraban padres benevolentes de una extensa familia que incluรญa a sus esclavos. Hablaban de ยซpaternalismoยป, de ยซprotecciรณnยป, de ยซcivilizaciรณnยป de una raza supuestamente inferior. La ideologรญa esclavista ademรกs de ser racista, manejaba todo un argumentario moral que permitรญa dormir tranquilos a quienes subyugaban a otros para que trabajaran por ellos.
El reflejo de esta realidad en el presente es obvio. Piketty desliza cuidadosamente esa comparaciรณn, cuando habla de ยซflexibilidad laboralยป, de ยซemprendimientoยป, de ยซadaptaciรณn al mercadoยป. Se estรก usando un lenguaje que oculta relaciones de poder despiadadas. Que un trabajador de Amazon orine en una botella porque no tiene tiempo para ir al baรฑo no es ยซproductividad laboralยป. Es una forma de desigualdad que la ideologรญa del ยซcliente primeroยป y la ยซinnovaciรณn disruptivaยป hace invisible. No es esclavitud, claro. Pero comparte con ella la misma lรณgica.
EL COLONIALISMO: LA EXPORTACIรN DE LA DESIGUALDAD
Otro bloque del libro se centra en las sociedades coloniales en su รฉpoca de mayor expansiรณn. Piketty analiza la India britรกnica, el รfrica francesa, las Indias orientales holandesas. Sus conclusiones asombran. En la India colonial, el 1% britรกnico se llevaba una parte tan gigantesca del ingreso nacional que hoy parecerรญa ciencia ficciรณn. La desigualdad entre colonizador y colonizado no era un efecto secundario del imperio, era su motor. El colonialismo no se hizo para ยซcivilizarยป, se hizo para extraer.
Piketty presupone la repulsa moral del colonialismo por parte del lector. Pero ademรกs quiere demostrar que la ideologรญa colonial se importรณ a la metrรณpoli. Que las mismas categorรญas que justificaban la dominaciรณn en รfrica โla ยซinferioridad racialยป, la ยซ incapacidad de autogobiernoยป, el ยซdeber de protecciรณnยปโ se usaron despuรฉs para justificar la desigualdad dentro de Europa. Que el racismo colonial no muriรณ con la descolonizaciรณn, sino que mutรณ en xenofobia interna, en aporofobia, en desprecio al pobre y al inmigrante, en conculcaciรณn de derechos al extraรฑo.
Esto apela directamente al presente navarro, como ejemplo mas cercano. Cuando los hijos de los inmigrantes se concentran en las escuelas pรบblicas mientras la poblaciรณn local, la que puede permitรญrselo, los manda a la concertada, se estรก reproduciendo la lรณgica colonial de siervos รบtiles pero ciudadanos de segunda. No es que Piketty cite Navarra โno lo haceโ pero su anรกlisis de la ideologรญa colonial permite entender por quรฉ la desigualdad por origen en nuestra comunidad es superior a la media espaรฑola*. No es un accidente, es un diseรฑo ideolรณgico que normaliza la desigualdad.

LA SOCIALDEMOCRACIA: UNA REVOLUCIรN INCOMPLETA
Piketty habรญa dedicado pรกginas entusiastas a la socialdemocracia europea del siglo XX. Es el momento histรณrico en que, segรบn sus datos, la desigualdad se redujo de forma mรกs drรกstica y sostenida. Pero insiste en que fue una revoluciรณn incompleta, una tregua en medio de una guerra inacabada.
La socialdemocracia logrรณ, mediante impuestos progresivos, sindicatos fuertes y Estado del Bienestar, reducir la participaciรณn del capital en el ingreso nacional y aumentar la del trabajo. Pero no tocรณ la propiedad, eso lo dejรณ para mรกs adelante. No socializรณ los medios de producciรณn, no regulรณ las herencias, no democratizรณ la empresa. Se contentรณ con redistribuir los ingresos, dejando intacta la acumulaciรณn del patrimonio. Cuando vino la crisis de los 80, seguida de la revoluciรณn neoliberal, el capital recuperรณ en menos de dos dรฉcadas lo que habรญa perdido en cinco.
Piketty ahora es duro con la socialdemocracia tradicional. Segรบn รฉl, se quedรณ corta porque no se atreviรณ a cuestionar la propiedad privada. Aceptรณ las reglas del juego capitalista, limitรกndose a pedir que el Estado compensara sus peores efectos. Fue, en el fondo, una ideologรญa de gestiรณn, no de transformaciรณn. Y por eso fue tan fรกcil de desmontar cuando el neoliberalismo llegรณ con sus propios datos, sus propios economistas y su propia ideologรญa del ยซmercado libreยป.
Aquรญ Piketty se muestra mรกs radical que en el primer libro. Ya no basta con demostrar que r > g. Hay que proponer una alternativa que vaya mรกs allรก de la redistribuciรณn de ingresos. Hay que hablar de propiedad, de participaciรณn, de democracia econรณmica.
LA IDEOLOGรA PROPRIETARISTA: EL RELATO QUE NOS DOMINA
El concepto central del libro, mรกs allรก de los datos histรณricos, es lo que Piketty llama la ideologรญa proprietarista. Es la ideologรญa dominante desde los aรฑos 80, la que sustituyรณ a la socialdemocracia y que hoy parece tan natural que ni siquiera se percibe como ideologรญa.
El proprietarismo dice que la propiedad privada es un derecho absoluto, anterior a cualquier legislaciรณn y carente de cualquier responsabilidad social. Que el mercado es el mejor mecanismo para asignar recursos, y que cualquier intervenciรณn estatal es una distorsiรณn. Que los impuestos son un robo, que la regulaciรณn es una carga, que la desigualdad es el precio inevitable de la libertad. Que los ricos son ricos porque son mรกs listos, mรกs trabajadores, mรกs meritorios. Que los pobres son pobres porque son perezosos, o porque el Estado los ha malacostumbrado a las paguitas. A todos nos ha llegado en un momento u otro este reguero de consignas ultraliberales y, sin hacer mucho caso, las hemos dado por buenas o, en el mejor de los casos, las hemos enmarcado en el apartado de la libertad de expresiรณn. Es la mejor muestra de la batalla cultural que el ultraliberalismo va ganando por goleada.
Piketty desmonta este relato pieza por pieza. Demuestra que los mercados no son espontรกneos, no surgen de la nada. Son construcciones institucionales que requieren de regulaciรณn para funcionar. Que la propiedad privada absoluta es una invenciรณn reciente, no una tradiciรณn milenaria. Que la meritocracia, en la prรกctica, es una oligarquรญa hereditaria con mejor marketing. Que los paรญses con mรกs impuestos y mรกs regulaciรณn no son menos prรณsperos, sino que al contrario son mรกs cohesionados y, en el largo plazo, mรกs estables.
Piketty muestra cรณmo esta ideologรญa se impuso. No por la fuerza, sino por la repeticiรณn. Por think tanks financiados por millonarios, por medios de comunicaciรณn propiedad de fondos de inversiรณn, universidades que son incubadoras de los prรณximos gestores del capital, pelรญculas y series que glorifican al empresario y ridiculizan al funcionario. La ideologรญa proprietarista no necesita campos de concentraciรณn porque tiene algo mรกs eficaz: la televisiรณn, las redes sociales, las escuelas de negocios, el lenguaje cotidiano.
LA EDUCACIรN: EL CATECISMO DE LOS NUEVOS RICOS
Piketty profundiza en este libro en algo que no estaba tan presente en el anterior: la escuela. Una escuela alejada de esa imagen idealizada de escalera social, desde la que se predica la desigualdad disfrazada de talento. La escuela de la que Piketty habla no es un ente abstracto. Habla del sistema que en cada รฉpoca histรณrica las รฉlites han montado para seguir manteniendo el sistema de clases y castas. Del sistema que, todavรญa hoy, permite mantener segregados a los ยซnuestrosยป de los otros. Un sistema que parece abierto pero que en la prรกctica es un club restringido en el que la educaciรณn juega el papel de las listas de espera.
El caso que mรกs le duele โporque es el suyoโ es Francia. Allรญ, las grandes escuelas โENA, Polytechnique, Sciences Po, HECโ funcionan como una mรกquina de reposiciรณn de clases dirigentes. Piketty calcula que si tu padre estรก en el 10% mรกs rico, tienes 40 veces mรกs probabilidades de entrar en Sciences Po que si estรก en el 90% restante. Eso no es meritocracia, es eugenesia econรณmica con examen de admisiรณn.
Lo que le preocupa, mรกs que el dato en sรญ, es el discurso que le acompaรฑa. En Francia se habla de ยซrepublicanismoยป, de ยซigualdad de oportunidadesยป, de ยซla escuela de la Repรบblicaยป. Piketty denuncia que todo eso es humo. Que la escuela pรบblica francesa, lejos de nivelar, reproduce con precisiรณn quirรบrgica las jerarquรญas sociales. Y que la escuela privada โcara y selectivaโ funciona como refugio para quienes no quieren ni siquiera fingir que compiten en igualdad de condiciones, o ni siquiera que comparten un paรญs con los que no son como ellos.
Piketty propone que la inversiรณn pรบblica en educaciรณn sea proporcional a las necesidades, no al prestigio. Que se invierta mรกs en los barrios pobres, en las zonas rurales abandonadas, en los inmigrantes que llegan sin el idioma. Que se elimine la selecciรณn por dinero, que se enseรฑe historia econรณmica, desigualdad, ideologรญa, para que los alumnos salgan con la vacuna puesta contra los cuentos de hadas del mercado.

Y aquรญ mete un dedo en el ojo: los sistemas educativos mรกs igualitarios no son los privatizados, sino los mรกs pรบblicos y regulados. Finlandia, donde no hay escuelas privadas de รฉlite, donde los profesores son los mejor pagados y donde la inversiรณn se distribuye con criterio de equidad, obtiene mejores resultados que Estados Unidos o el Reino Unido, donde la competencia entre centros ha generado una selva de desigualdades. Que la ยซlibertad de elecciรณnยป en educaciรณn es, la mayorรญa de veces, la libertad de los ricos para elegir separarse de los pobres.
La educaciรณn no es neutral, dice. Nunca lo ha sido. En la Edad Media se enseรฑaba teologรญa para justificar el orden triestamental. En el siglo XIX enseรฑaba disciplina para fabricar obreros sumisos. En el siglo XX enseรฑaba competencia para crear consumidores. Y en el siglo XXI enseรฑa ยซemprendimientoยป para legitimar la desigualdad extrema. Cada รฉpoca tiene su catecismo, y la escuela es siempre la parroquia donde se predica.
LA RELIGIรN: IDEOLOGรA CON OTRO NOMBRE.
El libro tambiรฉn dedica espacio a analizar el papel de las religiones en la justificaciรณn de la desigualdad. No como ateo โaunque lo esโ, sino como historiador que comprende que las iglesias han sido, durante milenios, las principales fabricantes de relatos legitimadores.
En las sociedades triestamentales, la iglesia justificaba la desigualdad como orden divino. Las sociedades esclavistas, encontraban pasajes bรญblicos que bendecรญan la sumisiรณn. En las sociedades coloniales, enviaban misioneros que legitimaban la conquista como evangelizaciรณn. Y las sociedades actuales, aunque con menos poder directo, se sigue promoviendo una moral individual โla caridad, la resignaciรณn, la esperanza en otra vidaโ que despolitiza la desigualdad y la presenta como una prueba de dios o un castigo personal.
Piketty reconoce momentos en que las iglesias han defendido a los pobres, han criticado al capital, han apoyado reformas sociales. Pero insiste en que la lรณgica institucional de las religiones organizadas tiende a la conservaciรณn del orden existente, porque su poder depende de la legitimaciรณn de quienes tienen el poder secular.
Esto conecta con algo que Piketty no desarrolla pero que estรก implรญcito: la ideologรญa neoliberal tambiรฉn es una religiรณn. No es la iglesia cristiana, aunque a veces se alรญa con ella. Es la fe ciega en el emprendedor, en el mercado, la ยซmano invisibleยป que todo lo arregla. Es una religiรณn sin dios, pero con dogmas, herejes y apรณstoles. Y con la misma capacidad para hacer que los fieles acepten lo inaceptable con la promesa de un paraรญso futuro โel crecimiento, la innovaciรณn, la prosperidad compartidaโ que nunca llega.
LA PARTICIPACIรN: LA DEMOCRACIA NUNCA LLEGร A LA ECONOMรA
Si El Capital en el siglo XXI terminaba con la propuesta de un impuesto global sobre el capital, Capital e Ideologรญa va mรกs allรก. Piketty entiende que los impuestos no bastan si no se toca la estructura de poder. Que redistribuir ingresos es necesario pero insuficiente si la propiedad sigue concentrada en pocas manos. Que la democracia es una farsa si los ciudadanos no pueden votar y decidir tambiรฉn en el รกmbito econรณmico, el monetario y el empresarial. Que una empresa transnacional (caso real) deslocalize su factorรญa en Navarra, creada con ayudas pรบblicas, sobre la base de una industria navarra anterior, mientras levanta una nueva factorรญa en Mexico, es el ejemplo perfecto para el que Piketty propugna una tasa confiscatoria que grave el filibusterismo empresarial de las multinacionales que cierran factorรญas perfectamente rentables y envรญan a sus trabajadores a la calle, (al Fogasa claro), simplemente porque quieren ganar aรบn mรกs.
Por eso propone lo que llama ยซsocialismo participativoยป o ยซsocialismo federalยป. Un socialismo que recuerda al socialismo autogestionario de la antigua Yugoslavia por varias de las medidas que propone:
- LA DEMOCRATIZACIรN DE LA PROPIEDAD. Que los trabajadores de una empresa tengan derecho a participar en sus decisiones estratรฉgicas, no solo en comitรฉs de empresa de consulta. Que los fondos de pensiones y las inversiones colectivas tengan voz en la gobernanza corporativa. Que la propiedad no sea solo un derecho a recibir dividendos, sino tambiรฉn una obligaciรณn de rendir cuentas.
- LA HERENCIA UNIVERSAL.. Piketty propone que cada ciudadano, al cumplir los 25 aรฑos, reciba un capital inicial โdel orden de 120.000 euros, el 60% de la riqueza mediaโ financiado por un impuesto progresivo sobre las herencias. No es una utopรญa: es una forma de que el 80% de la poblaciรณn, que hoy hereda poco o nada, tenga una base patrimonial para empezar. Es, en palabras de Piketty, ยซla propiedad para todosยป, no solo para los hijos de los ricos.
- LA EDUCACION IGUALITARIA Y GRATUITA en todos los niveles, desde la guarderรญa hasta el doctorado, con inversiรณn proporcional a las necesidades. Que no sea el barrio de nacimiento el que determine la calidad de la escuela, sino la voluntad polรญtica de invertir donde mรกs falta.
- LA TRANSPARENCIA FISCAL ABSOLUTA. Que cada ciudadano pueda conocer quiรฉn posee quรฉ, quiรฉn paga quรฉ impuestos, quiรฉn recibe quรฉ subvenciones. Que la opacidad, que es el oxรญgeno de la desigualdad, se elimine por completo.
LAS CRรTICAS: ยฟES PIKETTY UN ILUSO?
El libro recibiรณ, como el anterior, una lluvia de crรญticas. Las de siempre y de los de siempre. Los economistas neoclรกsicos dijeron que el socialismo participativo era irrealizable, que la propiedad privada era necesaria para la innovaciรณn, que la herencia universal destruirรญa el ahorro, que la democracia en la empresa serรญa ineficiente.
Piketty responde con la misma paciencia provinciana caracterรญstica de su estilo. Dice que la propiedad privada no ha demostrado ser mรกs eficiente que otras formas de organizaciรณn como las cooperativas, las empresas pรบblicas o las fundaciones, en sectores clave. Que la innovaciรณn no depende de la concentraciรณn de la riqueza, sino de la inversiรณn en educaciรณn e investigaciรณn. Que la herencia universal no destruirรญa el ahorro, sino que lo redirigirรญa hacia la inversiรณn productiva en lugar de la acumulaciรณn especulativa. Y que la democracia en la empresa, lejos de ser ineficiente, aumentarรญa la motivaciรณn de los trabajadores y reducirรญa los salarios abusivos de los directivos.
Otra crรญtica recurrente es que Piketty ignora la globalizaciรณn financiera. Que sus propuestas de impuestos globales y transparencia fiscal son imposibles sin un gobierno mundial que no existe ahora ni existirรก nunca. Piketty admite la dificultad, pero insiste en que la cooperaciรณn internacional es posible si hay voluntad polรญtica. Que la Uniรณn Europea, con todos sus defectos, demuestra que los estados pueden ceder soberanรญa fiscal en รกreas concretas. Que los paraรญsos fiscales podrรญan eliminarse en meses si los grandes paรญses decidieran sancionar comercialmente a quienes los albergan.
Hay tambiรฉn quien le reprocha su optimismo. Que la historia que cuenta es la de una desigualdad que siempre vuelve, de ideologรญas que siempre se imponen, de transformaciones que siempre se frustran. ยฟPor quรฉ cree que esta vez serรญa diferente? Piketty no tiene una respuesta teolรณgica. Tiene una respuesta polรญtica: porque las alternativas son peores. Porque una desigualdad extrema genera inestabilidad, violencia, guerras, colapsos ecolรณgicos. Porque incluso los ricos prefieren vivir en sociedades estables a amontonar riqueza en un mundo que se desintegra. Y en รบltima instancia, porque la historia estรก llena de ejemplos de anhelos imposibles que pasada una generaciรณn se convierten en realidades imprescindibles.
EL ESTILO: MรS HISTORIA, MENOS MATEMรTICAS
El Capital en el siglo XXI era denso pero legible, Capital e Ideologรญa es mรกs denso todavรญa, pero de otra manera. Hay menos fรณrmulas, menos grรกficos, menos tablas. Hay mรกs narrativa histรณrica, mรกs anรกlisis de textos polรญticos, mรกs comparaciรณn entre sistemas. Piketty se pasea por la Francia de Tocqueville, la India de Ambedkar, el Brasil de la aboliciรณn, el Reino Unido de Thatcher, con una erudiciรณn que a veces cansa pero que nunca deja de impresionar.
El estilo sigue siendo el de un arrogante intelectual francรฉs que no se anda con rodeos. Piketty no busca la elegancia literaria, busca la eficacia argumentativa. Cuando quiere decir que algo es una mentira, dice ยซmentiraยป. Cuando quiere decir que una ideologรญa es falsa, dice ยซfalsaยป. No hay eufemismos, no hay ยซpor otra parteยป, no hay equidistancias. Hay datos, hay historias, hay una indignaciรณn contenida que de vez en cuando explota en una frase contundente.
Eso le ha valido el reproche de simplificar. De que su visiรณn de la historia es demasiado econรณmica, que ignora la cultura, la psicologรญa, la contingencia. Piketty sabe que esas otras dimensiones existen. Pero insiste en que la desigualdad econรณmica es la base sobre la que se construyen las demรกs, y que ignorarla es el privilegio de quienes no la sufren.
ยฟQUร NOS DEJA, SEIS AรOS DESPUรS?
Capital e Ideologรญa no ha tenido el impacto mediรกtico del primer libro. Es mรกs largo, mรกs histรณrico, mรกs explรญcitamente polรญtico. No vendiรณ un millรณn de ejemplares en inglรฉs, aunque siguiรณ siendo un รฉxito editorial. No cambiรณ el discurso pรบblico de la misma manera. Quizรกs porque el mundo estaba ya ocupado con la pandemia, con Trump, con la crisis climรกtica.
Pero el libro deja una huella profunda en quienes lo leen con atenciรณn. La idea de que la desigualdad no es natural, sino ideolรณgica, es una clave que explica muchas cosas. De pronto entiendes por quรฉ los periรณdicos hablan de ยซflexibilidadยป en lugar de precariedad, de ยซreformas estructuralesยป en lugar de recortes, de ยซmercado laboralยป en lugar de explotaciรณn. Entiendes que el lenguaje no es neutro, que cada palabra lleva una carga polรญtica.
Este libro tambiรฉn tiene su lectura propia en Navarra. Y como el anterior, deberรญa ser de lectura obligatoria para los polรญticos. Y para los que siguen creyendo que la concertada es ยซlibertad de elecciรณnยป en lugar de segregaciรณn de clase. Para los que piensan que la vivienda es un mercado como cualquier otro, en lugar de un derecho. Para los que ven normal que una mujer cobre un 20% menos que un hombre por el mismo trabajo, o que un inmigrante tenga cuatro veces mรกs probabilidades de estar en exclusiรณn social.
Piketty no ofrece consuelo fรกcil. Dice que el cambio es posible, pero difรญcil. Que requiere movilizaciรณn polรญtica, coaliciones amplias, educaciรณn crรญtica, transparencia total. Que a las ideologรญas dominantes se las derriba con datos, con relatos alternativos, con prรกcticas que demuestren que otra forma de organizar la economรญa es posible. Otros tambiรฉn pensamos que en eso Piketty es un ingenuo, nunca en la historia las ideologรญas dominantes han caรญdo sin causar vรญctimas, ni los escenarios de poder se hubieran derrumbado si alguien no les hubiese dado una patada. Y ahora, o cuando toque, no serรก diferente.
CIERRE: LA PREGUNTA QUE NO SE HACE
El libro termina, como el anterior, con otra pregunta incรณmoda: ยซยฟQUIENES SOMOS?ยป. ยฟSomos una sociedad que acepta la desigualdad porque cree que es natural, inevitable y justa? ยฟO somos una sociedad que, una vez desvelada la ideologรญa que la sostiene, se niega a seguir aceptรกndola?
Piketty es realista. Ni optimista, ni pesimista. Dice que las ideologรญas cambian, que lo que parece eterno hoy serรก ridรญculo maรฑana, que los seรฑores feudales no podรญan imaginar un mundo sin estamentos, que los esclavistas no podรญan imaginar un mundo sin esclavos, que los colonialistas no podรญan imaginar un mundo sin imperios. Y que los proprietaristas de hoy, con su fe ciega en el mercado y su desprecio a los impuestos, serรกn vistos dentro de cien aรฑos con la misma mezcla de asombro y desprecio con que hoy vemos a los defensores de la esclavitud.
La cuestiรณn es si ese cambio llegarรก a tiempo. Si la acumulaciรณn de riqueza y de poder que Piketty documenta no desembocarรก, antes de la transformaciรณn ideolรณgica, en una crisis โeconรณmica, ecolรณgica, polรญticaโ de la que ya no podamos salir. Si la humanidad, como dice en algรบn momento, ยซse mueveยป hacia la justicia o hacia el abismo.
Piketty no lo sabe. Nadie lo sabe. Pero su libro es un intento de que, al menos, sepamos en quรฉ direcciรณn caminamos. Y de que, cuando lleguemos al borde del precipicio, no digamos que no sabรญamos dรณnde estรกbamos. Porque ahora ya no hay excusa. Los datos estรกn ahรญ. La historia estรก contada. El rey estรก desnudo a la vista de todos.
Lo que pase despuรฉs es, como siempre, una elecciรณn polรญtica. No del destino, no del mercado, no de la naturaleza humana. Nuestra. De si seguimos creyรฉndonos los cuentos de siempre o nos atrevemos a escribir otro relato. Uno en el que la propiedad no sea un derecho absoluto, sino una responsabilidad social. En el que la riqueza no se herede, sino que se construya. En el que el trabajo valga tanto como el capital. En el que, por definiciรณn, como dijo otro Thomas (esta vez un liberal), la tierra sea propiedad de todos, no solo de unos pocos.
La tierra, es propiedad comรบn de la raza humana. (Thomas Paine)
No es una utopรญa. Es una decisiรณn. Y las decisiones, a diferencia de las ideologรญas, se pueden tomar hoy.

@gukgeuk & Kimi 300425
Tercera parte: Hacia un socialismo ecolรณgico.
(proximamente)
