Thomas Piketty publicรณ este mamotreto de 950 pรกginas hace 12 aรฑos. En รฉl muestra las razones por las que capitalismo y desigualdad siempre aparecen juntos. Desde entonces ninguno de los gurรบs del liberalismo econรณmico triunfante ha conseguido refutarlo.

No es que Piketty fuera el primero en hablar de desigualdad โes una discusiรณn habitual en la humanidadโ, pero sรญ que fue el primero que revisรณ tanta historia, rebuscรณ tantas cifras y tuvo la santa paciencia de usar todo eso para demostrar algo que muchos ya intuรญan y otros muchos denunciaban, pero que nadie hasta entonces habรญa demostrado con datos: que el capitalismo, por lo menos el que conocemos, tiende siempre a la concentraciรณn de la riqueza, y que esa tendencia no es un accidente ni un fenรณmeno metrolรณgico, se puede frenar, pero no con retรณricas baratas, solamente cuando los poderes pรบblicos se lo proponen de verdad,
El libro se convirtiรณ en un fenรณmeno inesperado y en pocos meses se habรญan vendido mรกs de un millรณn de ejemplares. Para un tocho acadรฉmico en donde las estampas son grรกficos de rentabilidad del mundo en el siglo XVIII, no esta mal verdad?. Es como si de repente un tratado de filologรญa del protoeuskera en la Aquitania del siglo II A.C. se colara en la lista de los mรกs vendidos de Amazon. En realidad no era tan raro. La razรณn era sencilla: Piketty dijo lo que muchos ya sabรญan pero temรญan decirlo en voz alta.
ยซOjalรก hubiera escrito algo mรกs corto, pero entonces no habrรญa dicho nadaยป (Thomas Piketty)
LA FรRMULA QUE ASUSTA: R > G
En el libro late como un corazรณn desbocado una desigualdad matemรกtica tan simple que duele como si fuese un infarto: r > g. Quizรก junto con la formula de equivalencia de la energรญa de Einstein (E=mcยฒ), esta sea la formula que mรกs simplemente explica cosas complejas.
En sรญntesis (r) viene a ser la rentabilidad de capital (beneficios de inversiones, rentas, propiedades, etc.), mientras que (g) por su parte representa el crecimiento econรณmico (PIB, salarios). Esta fรณrmula representa al capitalismo en su estado natural y viene a decir que cuando la rentabilidad del capital es mayor que el crecimiento econรณmico, la riqueza se acumula en manos de los propietarios del capital y los que tienen el dinero se lo quedan todo sin mover un dedo, mientras que los que viven de su trabajo o de su ingenio ven cรณmo su porciรณn de pastel es cada vez mรกs pequeรฑa.
El trabajo recoge datos documentados sobre veinte paรญses a lo largo de mรกs de tres siglos, recogidos por รฉl y su equipo durante aรฑos. Naturalmente la fรณrmula no es una ley fรญsica, y como tal inmutable, pero la tendencia del capital a concentrarse en cada vez menos manos es indiscutible.
SIGLO XX. LOS TRENTE GLORIEUSES ยฟPROGRESO O ESPEJISMO?
En el siglo XIX, cuando el crecimiento era casi nulo y los rendimientos de la tierra y las rentas eran altos, la desigualdad se disparรณ hasta niveles que no podrรญamos creer si Dickens no los hubiera novelado tan oportunamente.
En el siglo XX, hubo dos guerras mundiales y una Gran Depresiรณn . Tras la segunda de las grandes guerras la expansiรณn del Estado del Bienestar logra, por primera vez en la historia, invertir la tendencia. El capital se destruyรณ y los estados para reconstruirse necesitaron usar herramientas efectivas, no especulativas. Confiscaron, regularon y, no hubo mรกs remedio, el trabajo recuperรณ algo de dignidad porque el mercado necesitaba tambiรฉn consumidores solventes. Treinta aรฑos despuรฉs el progreso se detuvo y el capital volviรณ a mirar para atrรกs. Con Thatcher y con Reagan llegรณ la revoluciรณn neoliberal, la desregulaciรณn financiera y la caรญda de los impuestos progresivos. La flecha de la concentraciรณn del capital volviรณ a apuntar para arriba.
Piketty no es un marxista, es un reformista radical y no se anda con rodeos. Dice que el ยซmercadoยป no corrige nada por sรญ mismo. Por el contrario, dejado a su aire, el Mercado reproduce la desigualdad porque el capital tiene mรกs poder de coerciรณn que el trabajo. Y cuando el capital se hereda de generaciรณn en generaciรณn, lo que tenemos no es una meritocracia, sino un ยซpatrimonialismoยป disfrazado de competencia libre.
LOS DATOS COMO ARMA POLรTICA
Lo que hace diferente a este libro no es la teorรญa, que en el fondo es bastante clรกsica, sino la forma de demostrarla. Piketty se pasรณ aรฑos construyendo la Base de datos sobre Desigualdad Mundial (WID), una base de datos colosal que recoge informaciรณn fiscal de Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Japรณn y otros paรญses desde el siglo XVIII. No usa encuestas. Las encuestas tienden a subestimar la riqueza de los mรกs ricos porque los muy ricos ni se molestan en contestarlas. Usa declaraciones de impuestos, herencias, registros patrimoniales. En otras palabras: el dinero que de verdad circula, no el que la gente dice que tiene.
El resultado es un retrato de las รฉlites econรณmicas que no deja lugar a la fantasรญa ni a la mentira. En Estados Unidos, el 1% mรกs rico pasรณ del 18% del `pastel en 1913 al 8% en 1980… y desde entonces ha vuelto al 20%. En Francia, gracias a un sistema fiscal mรกs progresivo, la curva es menos pronunciada pero la tendencia es similar. En el Reino Unido, la aristocracia terrateniente cediรณ terreno a la burguesรญa industrial en el siglo XIX, pero el capital financiero de la City ha recuperado posiciones con creces. Y asรญ con todos los denominados paรญses del mundo libre.
Piketty demuestra algo incรณmodo: que la reducciรณn de la desigualdad con la llegada en el siglo XX del Estado del Bienestar, fue una anomalรญa histรณrica y no la norma. La norma era la del siglo XIX… y ha regresado.
LA HERENCIA: EL MOMENTO EN QUE LA MERITOCRACIA MUERE
Uno de los capรญtulos mรกs demoledores del libro es el dedicado a la herencia. Piketty calcula que en el siglo XIX, una persona de clase alta recibรญa de sus padres una herencia equivalente a 25 aรฑos de ingresos medios del trabajo. Es decir: nacรญas, heredabas, y podรญas vivir toda tu vida sin trabajar, manteniendo un estatus que el trabajo nunca te habrรญa dado. La sociedad de entonces llamaba a eso ยซrenta vitaliciaยป. Y no era una metรกfora.
En el siglo XX, con las guerras, la inflaciรณn que devaluรณ los ahorros, los impuestos progresivos y la expansiรณn de la educaciรณn pรบblica, la herencia se redujo drรกsticamente. En los aรฑos 50, una herencia en Francia equivalรญa a unos 3-4 aรฑos de salario medio. Parecรญa que el mรฉrito personal iba a imponerse sobre el derecho de cuna. Pero la tendencia se ha revertido. Hoy, una herencia media en Francia vuelve a rondar los 10-12 aรฑos de salario. En Estados Unidos, donde la cultura del ยซself-made manยป es religiรณn de estado, la concentraciรณn de la herencia es aรบn mรกs escandalosa: las 400 familias mรกs ricas controlan mรกs riqueza que el 60% de la poblaciรณn combinada.
Piketty no dice que heredar sea moralmente malo, dice que es econรณmicamente ineficiente. Y polรญticamente peligroso. Una sociedad donde el รฉxito depende del apellido no es una sociedad dinรกmica, es una sociedad estancada. Y una sociedad estancada, tarde o temprano, explota.
EL ESTADO DEL BIENESTAR: UNA CONQUISTA FRรGIL
El libro tiene una lectura implรญcita sobre el Estado del Bienestar que no siempre se menciona: que fue una respuesta de emergencia, no una evoluciรณn natural. No naciรณ de la buena voluntad de los capitalistas, sino del miedo a la revoluciรณn. Cuando la desigualdad del siglo XIX generรณ movimientos obreros, sindicatos, partidos socialistas y dos guerras mundiales, las รฉlites comprendieron โcomo Bismarck en el II Reich alemรกn, como los socialdemรณcratas escandinavos, como el New Deal de Rooseveltโ que era mรกs barato comprar la paz social con hospitales, viviendas sociales, escuelas pรบblicas y pensiones que reprimirla a caรฑonazos.
Pero esa conquista fue frรกgil. Piketty documenta cรณmo, desde los aรฑos 80, la presiรณn fiscal sobre los mรกs ricos cayรณ en picado. En Estados Unidos, el tipo marginal mรกximo pasรณ del 91% de Eisenhower al 37% de Reagan y los sucesivos presidentes. En Francia, el ยซbouclier fiscalยป de Sarkozy limitรณ los impuestos totales al 50% de los ingresos, una medida que solo beneficiaba a unos pocos miles de contribuyentes pero que costรณ cientos de millones a las arcas pรบblicas. En el Reino Unido, Thatcher desmantelรณ el sistema progresivo con la excusa de que ยซel mercadoยป lo harรญa mejor.
El resultado es visible en las cifras: el peso del capital sobre el ingreso nacional ha vuelto a niveles del siglo XIX. La riqueza privada representa hoy en Francia o en Reino Unido entre el 500% y el 600% del PIB, cifras que no se veรญan desde la Belle รpoque. Y en esas cifras late una verdad incรณmoda: que el Estado del Bienestar no muriรณ de viejo, lo mataron. Y lo mataron porque quienes tenรญan el poder de hacerlo descubrieron que era mรกs rentable para ellos pagar lobbyistas en Washington, en Bruselas o en Madrid que pagar impuestos en su paรญs.
LA GLOBALIZACIรN: LA CARRERA HACIA EL FONDO
Piketty no es un enemigo del comercio internacional. Pero sรญ es un crรญtico implacable de la globalizaciรณn financiera tal como estรก configurada. El problema no es que los bienes circulen, sino que el capital circule sin control mientras los trabajadores no pueden hacer lo mismo. Una multinacional puede trasladar sus beneficios a un paraรญso fiscal en un clic. Un obrero navarro no puede trasladar su familia a Mexico cuando le cierran la fรกbrica.
Esa asimetrรญa es el corazรณn del problema. La globalizaciรณn ha creado un mercado global para el capital, pero no para el trabajo. Y en un mercado donde uno de los factores es libre y el otro estรก encadenado, el resultado es previsible: el capital se lleva todo, dejando las migajas para el trabajo.
Piketty documenta cรณmo los paraรญsos fiscales, ยซterritorios que han decidido prostituir su soberanรญa fiscal a cambio de puestos de trabajo en bancaยป, han permitido que el 1% global acumule una riqueza que ni siquiera aparece en las estadรญsticas oficiales. Se estima que entre el 8% y el 10% de la riqueza mundial estรก oculta en jurisdicciones opacas. Eso no es un dato contable, es un robo amparado por el sistema.
LA PROPIEDAD INMOBILIARIA: EL CAPITALISMO DE LOS ABUELOS
Uno de los hallazgos mรกs curiosos del libro es el papel de la vivienda en la reproducciรณn de la desigualdad. Piketty demuestra que, en los paรญses desarrollados, el valor del capital inmobiliario ha crecido de forma espectacular. En Francia, el valor de las viviendas pasรณ del 100% del PIB en los aรฑos 70 al 300% en 2010. En Espaรฑa, la burbuja inmobiliaria de los aรฑos 2000 fue solo la versiรณn local de un fenรณmeno hasta entonces desconocido: la transformaciรณn de la vivienda en activo financiero. En 2008 la burbuja reventรณ y 20 aรฑos despuรฉs estรก a punto de volver a hacerlo. Las รฉlites financieras ya aprendieron a salvaguardar sus intereses durante esas crisis cรญclicas pero no existe un escudo social que proteja al resto. No es su problema.
El problema es que la vivienda no es como las acciones de una empresa. En una ciudad consolidada no se puede producir mรกs tierra. Una ciudad puede absorber pequeรฑos municipios colindantes para ir creciendo (modelo Gasteiz) pero si estos รบltimos son grandes y ya estรกn asentados, crecer hacia arriba o dejar de crecer (modelo Donosti). Es entonces cuando la demanda crece, la oferta es rรญgida y los precios se disparan. Y quienes tienen vivienda heredada โbaby boomers, en su mayorรญaโ pueden seguir viviendo sin endeudarse monstruosamente, mientras quienes no la tienen โlos millennials, los jรณvenes de ahoraโ no tienen mรกs alternativa que pagar alquileres que consumen mรกs la mitad de su salario o vivir con sus padres hasta los cuarenta. Los que tuvieron la suerte de heredar mรกs de un inmueble, esos pasan al walhalla de los rentistas.
Piketty no dice que haya que prohibir la propiedad privada. Dice que hay que regularla, gravarla, y sobre todo desincentivar la especulaciรณn. Una vivienda vacรญa en el centro de Parรญs o de Donosti no es una inversiรณn, es una apropiaciรณn de un bien escaso que otros necesitan y crea una grave problema a la administraciรณn pรบblica, que debe gastar grandes recursos para garantizar a sus ciudadanos el derecho a la vivienda. Eso, el mercado no lo autocorrige: necesita que alguien le ponga lรญmites. Por tanto no hay objeciรณn fiscal que valga a la hora de gravar los beneficios de los grandes propietarios de bienes inmobiliarios.
LA EDUCACIรN: LA TRAMPA DE LA MERITOCRรTICA
El libro tambiรฉn tiene un capรญtulo dedicado a lo que Piketty llama la ยซmeritocracia patrimonialยป. Es decir: esa idea de que el esfuerzo durante el periodo educativo permite escalar socialmente, que es la justificaciรณn habitual del sistema actual. Piketty no niega que la educaciรณn sea importante. Pero sรญ demuestra que, en la prรกctica, el acceso a la educaciรณn de calidad estรก determinado por la procedencia familiar. Para Piketty la educaciรณn privada no es una opciรณn educativa, es un factor estructural en la distribuciรณn de oportunidades.

En Estados Unidos, las universidades ยซde รฉliteยป โHarvard, Yale, Princetonโ tienen mรกs estudiantes del 1% mรกs rico que del 60% mรกs pobre. No porque los ricos sean mรกs listos, sino porque pueden pagar colegios privados de 100.000 $ al aรฑo, preparadores para los exรกmenes de admisiรณn, y ยซdonaciones legรญtimasยป que aumentan las probabilidades de entrada. Piketty afirma que en Francia, las grandes escuelas โENA, Polytechnique, HECโ reproducen la misma รฉlite de siempre, aunque con un discurso mรกs republicano.
Piketty tampoco es un ingenuo. Sabe que la educaciรณn pรบblica masiva del siglo XX fue un avance enorme. Pero tambiรฉn sabe que, cuando la educaciรณn se financia de forma creciente por la propia familia โya sea mediante colegios privados, academias de refuerzo o simples desigualdades de barrioโ, deja de ejercer de ascensor social para convertirse en una mรกquina de replicar privilegios.

Y aquรญ entra un dato que Piketty no trata directamente pero que ilumina su argumento: la educaciรณn concertada. En paรญses como Espaรฑa, donde el 25-30% del alumnado estรก en centros privados subvencionados, (Navarra es lรญder mundial con el 48%), la segregaciรณn escolar se ha convertido en el mecanismo preferido por las clases medias y altas para apartar a sus hijos de la ยซcomplejidadยป de la escuela pรบblica. En realidad quieren decir diversidad, no complejidad, ellos prefieren que sus vรกstagos se formen entre ยซsus igualesยป. Ese apartheid positivo no lo pagan ellos, la mayor parte del coste real de esa educaciรณn privada disfrazada de libertad de educaciรณn, la asume la administraciรณn pรบblica. Pero asรญ logran una separaciรณn de facto por renta, por origen y, a veces, por sexo.
Piketty no se posiciona contra la educaciรณn privada pero sรญ advierte de que incrementa la desigualdad social y propone una regulaciรณn fuerte, medidas como una alta inversiรณn estratรฉgica en educaciรณn, medidas para erradicar los mecanismos de selecciรณn de alumnos, cuotas que promuevan la mezcla de alumnos o revisiรณn de ayudas y exenciones a la educaciรณn privada o concertada. Todo con el objetivo final de evitar que la Administraciรณn (cualquier administraciรณn) subsidie la desigualdad.
LA PROPUESTA: UN IMPUESTO GLOBAL SOBRE EL CAPITAL
Despuรฉs de 700 pรกginas de anรกlisis meticuloso el diagnรณstico es demoledor, Piketty ofrece una soluciรณn que muchos han considerado utรณpica: un Impuesto progresivo y global que grave sobre el capital de los ultrarricos. Es decir, un impuesto que grave no los ingresos, sino el patrimonio acumulado, con tipos que suban segรบn la riqueza. Para el 1% mรกs rico, tipos del 5% o mรกs. Para los patrimonios medios, tipos bajos o nulos. El objetivo no es recaudar para recaudar, sino reducir la desigualdad de forma estructural, impidiendo que la riqueza se vaya heredando de generaciรณn en generaciรณn sin ningรบn control ni responsabilidad social.
Un impuesto global solo funciona si los paraรญsos fiscales dejan de serlo, si la informaciรณn patrimonial se comparte entre paรญses, si la opacidad bancaria se erradica. De momento, no hay voluntad polรญtica para ello. Pero cuando a principios del siglo XX se implantรณ el impuesto sobre la renta, tambiรฉn parecรญa igual de imposible. Hasta que la guerra y la revoluciรณn lo hicieron inevitable. ยฟVamos a necesitar otra guerra?
Ademรกs del impuesto global, tambiรฉn es necesaria una transparencia total de los balances de las empresas y de las riquezas individuales. Que cada ciudadano sepa quiรฉn posee quรฉ, que cada empresa publique dรณnde declara beneficios y dรณnde paga impuestos. No es un detalle menor: la desigualdad crece en la oscuridad. Tanto en esto como en el problema de la vivienda, el exceso de propiedad crea un problema estructural que afecta todos, tambiรฉn a los ricos Y cuando los datos son pรบblicos, la vergรผenza social y la presiรณn polรญtica pueden actuar donde la ley no llega.
LAS CRรTICAS: ยฟTODO ES EL CAPITAL?
Naturalmente el libro ha sido objeto de crรญticas feroces. Algunos economistas neoclรกsicos (segรบn Weintraub* todos) han criticado a Piketty con el argumento de que subestima el papel del crecimiento tecnolรณgico, (vamos, el mismo argumento de los que se oponen a la descarbonizaciรณn), argumentan que la innovaciรณn โinternet, la inteligencia artificial, la biotecnologรญaโ aumentarรก la productividad del trabajo y, con ella, los salarios. Que el capital no siempre gana, que hay crisis que destruyen fortunas, que el emprendimiento crea riqueza nueva.
(*) ยซTodos somos neoclรกsicos ahora, incluso los keynesianos, porque lo que se enseรฑa a los estudiantes, lo que es la economรญa principal (mainstream), es economรญa neoclรกsicaยป. (E. Roy Weintraub)
Piketty responde como siempre, con datos: En los รบltimos treinta aรฑos, el crecimiento tecnolรณgico no ha impedido que la participaciรณn del trabajo en la riqueza nacional caiga en casi todos los paรญses desarrollados. Que la innovaciรณn beneficie sobre todo a quienes poseen los medios de producciรณn, no a quienes los operan. Que los emprendedores exitosos โBezos, Musk, Zuckerbergโ acaben siendo rentistas de su propio patrimonio y no trabajadores de su propia empresa.
Otra crรญtica recurrente es que Piketty ignora el capital humano. Que la educaciรณn, la salud, las habilidades son tambiรฉn una forma de riqueza, y que su distribuciรณn ha mejorado mucho. Aquรญ Piketty, fiel a su discurso, responde que el capital humano, por definiciรณn, no se hereda. Y recuerda que en una sociedad donde la riqueza financiera y patrimonial se transmite de padres a hijos, el capital humano del hijo de un obrero, por muy brillante que sea, parte con una desventaja insalvable.
Un tercer reproche es el de eurocentrismo. Que los datos son occidentales, que ignora el ascenso de China, la reducciรณn de la pobreza extrema en Asia, la irrupciรณn de una clase media global. Piketty admite la limitaciรณn de sus fuentes, pero tambiรฉn pone el dedo en la llaga: la desigualdad ha crecido incluso en los paรญses en los que la pobreza extrema ha caรญdo. Que un obrero chino gana mรกs que hace treinta aรฑos no lo niega nadie, eso no significa que el capital chino no se estรฉ concentrando en pocas manos. Y que, en รบltima instancia, la desigualdad global โentre paรญses y dentro de ellosโ sigue siendo el problema central.
EL ESTILO PIKETTY: UN FRANCรS QUE NO SE ANDA CON RODEOS
Piketty escribe como habla: con la seguridad de quien tiene los datos y que sabe que la historia estรก de su lado. Con esa arrogancia ocasional de intelectual parisino que no tolera bien la mediocridad. No tiene un estilo literario deslumbrante, no usa metรกforas memorables, ni frases poeticas. Y carece de la elegancia aristocrรกtica de un Keynes. Pero utiliza algo mejor: la acumulaciรณn implacable de evidencias, pรกgina tras pรกgina, hasta que el lector crรญtico, agotado, tiene que rendirse ante sus conclusiones.
ยฟQUร QUEDA DEL LIBRO, DOCE AรOS DESPUรS?
Desgraciadamente ยซEl capital en el siglo XXIยป no ha conseguido cambiar el mundo. Los impuestos globales sobre el capital no se han implantado. Los paraรญsos fiscales siguen operando. La desigualdad ha seguido creciendo en la mayorรญa de paรญses. Y con la pandemia de COVID-19 como inesperado catalizador: los millonarios se hicieron aรบn mรกs millonarios mientras millones perdรญan su empleo y su salud.
Pero el libro ha cambiado el modo de debatir sobre la desigualdad. Ya nadie con un mรญnimo de vergรผenza se atreve a defender que los pobres son culpables o que el mercado se autorregula. Antes de Piketty, hablar de desigualdad en foros econรณmicos era cosa de radicales. Hoy, incluso el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han reconocido que la desigualdad extrema es un obstรกculo para el crecimiento, una fuente de inestabilidad polรญtica y un problema de seguridad global. No es que hayan hecho gran cosa desde luego, pero ya no pueden negar que existe.
En Espaรฑa, el libro llegรณ en plena crisis, cuando los recortes del gobierno de Rajoy demolรญan lo poco que quedaba del Estado del Bienestar. Piketty vino a Madrid, dio conferencias, se reuniรณ con Podemos โentonces en su momento de mรกximo augeโ, y dijo lo que muchos pensaban: que la austeridad era una elecciรณn polรญtica, no una necesidad econรณmica, y que esa elecciรณn beneficiaba a quienes ya tenรญan de sobra. No le hicieron mucho caso. Pero la frase quedรณ.
En Navarra, donde la desigualdad crece mientras la cohesiรณn social se desinfla como un globo pinchado, la lectura de Piketty deberรญa ser obligatoria, no para los economistas, sino para los polรญticos que siguen vendiendo la concertada como ยซlibertad de elecciรณnยป, para los urbanistas que convierten la vivienda en mercancรญa de lujo, para los empresarios que se quejan de la falta de mano de obra cualificada mientras pagan salarios de hace veinte aรฑos.
CIERRE: LA PREGUNTA QUE DEJA EL LIBRO
Piketty no es Marx, ni pretende serlo. No termina su libro llamando a la revoluciรณn mundial. Lo hace dejando una pregunta incรณmoda, casi burguesa en su formulaciรณn: ยฟqueremos vivir en una sociedad de rentistas o en una sociedad de propietarios?
La sociedad de rentistas es la del siglo XIX, y si todo sigue se curso serรก la del presente siglo: Unos pocos muy ricos, muchos muy pobres, y entre ellos una clase media asfixiada, cada vez mas reducida, que aspira a ser rentista pero no lo consigue. La sociedad de propietarios es la que el siglo XX intentรณ construir y que el neoliberalismo desmantelรณ. Una sociedad de muchos autosuficientes y unos pocos pudientes y el Estado como รกrbitro para impedir que nadie haga trampas. No lo ha conseguido.
Pero, dice Piketty, la elecciรณn no es inevitable, ni tampoco tecnolรณgica ni econรณmica. Es una elecciรณn que hacemos cada vez que votamos, cada vez que pagamos impuestos o defraudamos, cada vez que aceptamos que un paraรญso fiscal sea ยซcompetitivoยป o que una herencia de millones sea ยซderecho de cunaยป.
ยซEl capital en el siglo XXIยป no es un libro fรกcil. Tampoco es un libro acadรฉmico para especialistas. Es un libro que te obliga a mirar el mundo con otros ojos, a preguntarte por quรฉ tu vecino jubilado vive de una pensiรณn de 800 euros mientras el fondo de inversiรณn que comprรณ su edificio gana millones con el alquiler de pisos como el suyo. A preguntarte por quรฉ tu hijo, con tรญtulo universitario y tres idiomas, trabaja en un call center precario mientras el hijo de tu jefe hereda la empresa sin haber pisado una universidad, o peor, con un titulo regalado por una privada.
Las preguntas incรณmodas son las รบnicas que merecen la pena… y normalmente no tienen respuesta fรกcil. Doce aรฑos despuรฉs, Piketty sigue teniendo razรณn. Aunque a los que les molestan sus preguntas les siga sentando fatal.
ยซOjalรก hubiera escrito algo mรกs corto, pero entonces no habrรญa dicho nadaยป (Thomas Piketty)
Thomas Piketty, es un economista, escritor y profesor-investigador francรฉs. Director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y profesor en la Escuela de Economรญa de Parรญs, de la que es cofundador, es especialista en desigualdades econรณmicas desde una perspectiva histรณrica y comparativa. Es autor de dieciocho obras, entre las que destacan El capital en el siglo XXI (2013), del que se han vendido mรกs de 2,5 millones de ejemplares en todo el mundo y que ha sido adaptado a un documental, asรญ como su continuaciรณn, Capital e ideologรญa (2019).
@gukgeuk & Kimi 260425
Segunda parte: Capital e ideologรญa.
(proximamente)
