Una nueva economĂa para la clase media, los pobres del mundo y nuestro clima.
Reseña del libro de Dani Rodrik, por Walden Bello
Dani Rodrik posee una trayectoria impecable como economista. Es experto en diversas áreas, incluyendo comercio y desarrollo, y una de las figuras más destacadas de la Universidad de Harvard. En los Ăşltimos años, tambiĂ©n ha sido uno de los principales crĂticos de la economĂa convencional, aceptando sin reparos las numerosas acusaciones que se le han formulado y reconociendo que personas ajenas al campo de la economĂa y ciudadanos de a pie se adelantaron a los economistas al identificar las deficiencias del ahora tan criticado paradigma de la globalizaciĂłn y la ideologĂa neoliberal que lo sustentaba.
Los lectores de *Prosperidad compartida en un mundo fracturado* no encontrarán muchas novedades en su crĂtica a la globalizaciĂłn neoliberal, fenĂłmeno para el que prefiere el tĂ©rmino «hiperglobalizaciĂłn«. Sin embargo, constituye una Ăştil recapitulaciĂłn de muchas de las deficiencias del paradigma que Ă©l y otros señalaron ya en la dĂ©cada de 1990 y principios de la de 2000, cuando la globalizaciĂłn impulsada por las grandes corporaciones parecĂa una fuerza imparable.
La globalizaciĂłn neoliberal era una doctrina que sostenĂa que la libre circulaciĂłn de mercancĂas y capital a nivel mundial, bajo la supervisiĂłn de instituciones multilaterales promotoras del mercado como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OrganizaciĂłn Mundial del Comercio, conducirĂa a la asignaciĂłn más eficiente de recursos y al bienestar Ăłptimo de las sociedades. En resumen, al mejor de los mundos posibles.
En cambio, las desigualdades de ingresos se agudizaron, la pobreza aumentó salvo en un puñado de lugares como China, el capital se trasladó a zonas con salarios bajos y las comunidades se vieron afectadas por la desindustrialización.
Confiados en ecuaciones que proyectaban el mayor bien para el mayor nĂşmero, los economistas apostaron por la globalizaciĂłn y, por lo tanto, sufrieron una tremenda pĂ©rdida de credibilidad ante las consecuencias desestabilizadoras que generaron movimientos resentidos de extrema derecha que no solo se oponĂan a la globalizaciĂłn, sino que amenazaban con desmantelar el tejido de la democracia liberal. El «Consenso de Washington», otrora celebrado por los economistas convencionales, cayĂł en el olvido mucho antes de que su creador, John Williamson, falleciera en 2021.
Un problema clave fue que los economistas se engañaron a sĂ mismos creyendo que sus modelos matemáticos, aparentemente sofisticados, arrojaban los resultados esperados de mayor eficiencia y mayor bienestar colectivo, cuando en realidad estaban incorporando sus conclusiones en sus ecuaciones. Rodrik cita al reconocido economista del desarrollo Carlos DĂaz Alejandro: «Hoy en dĂa, cualquier estudiante de posgrado brillante, eligiendo cuidadosamente sus supuestos, puede producir un modelo consistente que arroje prácticamente cualquier recomendaciĂłn polĂtica que favoreciera al principio».
La economĂa inteligente de China
En el análisis de Rodrik sobre el rotundo fracaso de la economĂa convencional en materia de desarrollo, China ocupa un lugar central. La explicaciĂłn de por quĂ© China se convirtiĂł en la segunda economĂa más grande del mundo en un tiempo rĂ©cord es, a mi parecer, la más Ăştil de este libro, pues destila las lecciones clave del modelo de desarrollo chino, no dogmático e «hĂbrido«. China se beneficiĂł enormemente de la globalizaciĂłn mediante la adquisiciĂłn de mercados a nivel mundial.
Sin embargo, paradĂłjicamente, violĂł todos los principios fundamentales que los economistas prescribĂan como el verdadero camino hacia el desarrollo: lo que Rodrik denomina la «mejor» soluciĂłn. Esta consistĂa en llevar a cabo reformas simultáneas en áreas clave de la economĂa: liberalizaciĂłn del comercio interno y externo, desregulaciĂłn, privatizaciĂłn de empresas estatales, eliminaciĂłn de controles de capital, etc., en resumen, «terapia de choque«, como algunos la llamaron. En contraste con los cálculos abstractos de los economistas, basados en supuestos cuestionables, China se embarcĂł en un proceso de reforma de mercado pragmática, experimental y liderada por el Estado.
En este punto, vale la pena citar a Rodrik:
ÂżQuĂ© lecciones generales podemos extraer de la experiencia de China? La caracterĂstica definitoria de la estrategia de crecimiento china fue su pragmatismo y gradualismo, plasmados en el proverbio chino: «cruzar el rĂo tanteando las piedras». Fue una estrategia que ignorĂł las marcadas fronteras entre el Estado y el mercado, eludiendo los debates ideolĂłgicos obsoletos sobre el papel del gobierno… En tĂ©rminos econĂłmicos, fue gradualista, experimental y de segunda opciĂłn. Primero se centrĂł en los hogares pobres del sector agrĂcola, luego en las zonas urbanas y, finalmente, en el comercio exterior. ProbĂł nuevas polĂticas en regiones especĂficas —ciudades o zonas— antes de extenderlas a otras partes del paĂs cuando resultaron exitosas. Durante la dĂ©cada de 1990, el 40 % o más de las regulaciones econĂłmicas nacionales fueron explĂcitamente calificadas como «experimentales».
Según Rodrik, el método chino «produjo acuerdos heterodoxos que dejaron perplejos a los economistas occidentales».
Por ejemplo, la liberalizaciĂłn econĂłmica adoptĂł un enfoque dual, con regĂmenes de mercado coexistiendo con sectores altamente regulados. Las primeras reformas de precios en la agricultura permitieron a los agricultores vender sus granos en mercados libres, pero solo despuĂ©s de haber entregado su cuota obligatoria al gobierno a precios controlados, por debajo del precio de mercado. Esto garantizĂł que el gobierno siguiera teniendo acceso a los granos, que podĂa racionar a los trabajadores urbanos a precios bajos. De manera similar, la reforma comercial creĂł zonas econĂłmicas especiales donde los inversores extranjeros podĂan importar libremente componentes para sus fábricas orientadas a la exportaciĂłn, mientras que el resto de la economĂa se mantuvo fuertemente protegida para salvaguardar el empleo en las empresas estatales.
El Ă©xito de los chinos fue tal que el economista Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, quien más se identificaba con el enfoque de la «terapia de choque» a principios de la dĂ©cada de 1990, dio un giro radical de 180 grados y se convirtiĂł en el admirador más ferviente del mĂ©todo chino, reconfigurándose a sĂ mismo como un crĂtico audaz de la economĂa del desarrollo convencional que una vez lo habĂa fascinado.
La escuela “Practica, no prediques”
Como señala Rodrik, los mismos acuerdos pragmáticos en los que el Estado dirigĂa el mercado hacia ciertas direcciones preferidas caracterizaron el enfoque de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong, las llamadas «economĂas tigre«. Y, añadirĂa yo, los llamados «cachorros tigre» —Malasia, Tailandia e Indonesia— que se industrializaron rápidamente a finales de los años 80 y en los 90. Se trataba de gobiernos liderados por tecnĂłcratas que pertenecĂan a la «escuela de predicar con el ejemplo«. Es decir, se aseguraban de predicar el evangelio del libre mercado cuando los economistas del Banco Mundial y del FMI los escuchaban, para asĂ evitar de antemano sus pĂ©simos consejos, mientras que, en realidad, el Estado gestionaba el mercado y lo orientaba hacia fines de desarrollo preferidos.
Filipinas se distinguiĂł como la excepciĂłn en la constelaciĂłn de economĂas exitosas del este de Asia, una condiciĂłn que los economistas filipinos y sus patrocinadores del Banco Mundial atribuyeron a la «corrupciĂłn«. El problema era que los paĂses vecinos exitosos tambiĂ©n estaban plagados de corrupciĂłn, al igual que China.
La razĂłn por la que la corrupciĂłn era la explicaciĂłn preferida era que desviaba la atenciĂłn de la verdadera causa del atraso del paĂs, y esta era que los economistas y tecnĂłcratas del paĂs, la mayorĂa de ellos formados en la Escuela de EconomĂa de la Universidad de Filipinas y en escuelas de posgrado de EE. UU., practicaban lo que predicaban: la economĂa de libre mercado avalada por el FMI y el Banco Mundial que terminĂł destruyendo el sector manufacturero del paĂs, desestabilizando la agricultura y haciendo que el paĂs dependiera de la exportaciĂłn de mano de obra no libre apenas disimulada, como sirvientas domĂ©sticas, a monarquĂas medievales de Oriente Medio.
Agenda para un mundo posglobalizado
Además de respaldar la economĂa polĂtica del desarrollo de China, Rodrik ofrece algunas propuestas importantes para la reforma econĂłmica mundial.
Para combatir la pobreza, tanto el Sur Global como el Norte Global deberĂan centrarse en crear empleos dignos en el sector servicios en lugar de en la industria manufacturera, ya que los avances en TI e IA seguirán eliminando puestos de trabajo en la industria.
EstratĂ©gicamente, la polĂtica social deberĂa estar dirigida a reconstruir la clase media en el Norte Global y a crearla y expandirla en el Sur Global, ya que una clase media sana es, entre otras cosas, esencial para una democracia sana.
En lo que respecta a la polĂtica climática, Rodrik se muestra escĂ©ptico ante los enfoques coordinados a nivel mundial, dada la dificultad de lograr algo más allá de acuerdos voluntarios informales para reducir las emisiones. Entonces, Âżpor quĂ© no centrarse en las iniciativas locales? Y, una vez más, China ha marcado el camino. «Gracias en gran parte a polĂticas unilaterales y descoordinadas que se apartan de las directrices establecidas, especialmente las polĂticas industriales verdes en China y otras grandes naciones», escribe, «el mundo ha presenciado un progreso tecnolĂłgico considerable en energĂas renovables».
En otras palabras, que las economĂas que puedan permitĂrselo asuman el papel de desarrollar polĂticas respetuosas con el clima, como invertir en vehĂculos elĂ©ctricos, que beneficiarĂan a todo el planeta, aunque sus principales beneficiarios fueran la poblaciĂłn local. Él denomina a este enfoque la «provisiĂłn unilateral de bienes pĂşblicos globales».
El obstáculo en el camino
Rodrik denomina su proyecto de reforma «una reconfiguraciĂłn de la globalizaciĂłn«. Si bien algunas de sus propuestas son Ăştiles, su visiĂłn presenta una grave deficiencia: subestima el papel sumamente disruptivo de Estados Unidos. Se muestra como uno de los Ăşltimos defensores de la posibilidad de una coexistencia pacĂfica entre China y Estados Unidos.
Su libro fue escrito en gran parte durante la era Biden y apoya algunas de sus polĂticas, como la Ley de Chips y Ciencia y la Ley de ReducciĂłn de la InflaciĂłn, que incluĂan incentivos para promover una transiciĂłn ecolĂłgica. Sin embargo, Biden continuĂł con las polĂticas hostiles hacia China de la primera administraciĂłn Trump, las cuales se han intensificado aĂşn más durante la segunda administraciĂłn Trump.
ÂżDeberĂamos invertir en la creaciĂłn de un nuevo orden mundial con reglas que Estados Unidos no quiere aceptar y que está decidido a destruir? Me parece que la mejor opciĂłn es trabajar por un mundo desglobalizado, colaborando con los paĂses con los que se pueda trabajar y protegiĂ©ndonos de las acciones impredecibles, irracionales, hostiles y caprichosas de una superpotencia en declive. Imaginar un «mundo globalizado reinventado» es una pĂ©rdida de tiempo.

