AMERICAN RULES.
European Recovery Plan, más conocido como Plan Marshall, fue el programa creado por los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial como «plan de ayuda para la reconstrucciĂłn de los paĂses europeos». Otros objetivos no confesados del plan eran impedir la insolvencia europea (que podrĂa suponer el impago de la deuda que los europeos mantenĂan con EEUU), financiar la compra de bienes de equipo americanos para evitar la sobreproducciĂłn que amenazaba a la economĂa estadounidense y, sobre todo, prevenir la inclinaciĂłn de Europa hacia el comunismo. Los destinatarios de la ayuda americana fueron los diecisĂ©is paĂses europeos que intervinieron en la Conferencia de ParĂs (septiembre de 1947).
Independientemente de la propaganda con la que el «amigo americano» adorna su ayuda, realmente las cifras de la misma fueron modestas. En total USA aportĂł entre 1947 y 1952, 13.000 millones de dĂłlares (unos 200.000 millones de la actualidad). Realmente 13.000 millones para una economĂa cuyo PIB, sĂłlo en el año 1949, era de 500.000 millones de dĂłlares no parece un esfuerzo extraordinario. Además el 15% eran crĂ©ditos a largo plazo y el 85% que no tenĂa devoluciĂłn estaba condicionado a convertir Europa en el gran consumidor de productos americanos. Se estima que en los paĂses europeos, el total de ayudas de todo plan supuso un impacto en el crecimiento del PIB de escasamente un 0,3 %.
El plan seguĂa fielmente el guion trazado a finales de la guerra en Bretton Wods. A cambio, Europa se comprometĂa a eliminar los aranceles nacionales y poner en marcha el proceso de liberalizaciĂłn aceptado en la Conferencia.

Reino Unido, el primo anglosajĂłn, recibiĂł un tercio de toda la ayuda, Francia 2.300 millones, Alemania 1.500 y asĂ en menor medida hasta 16 paĂses, incluidos Portugal e Islandia que fueron los que menos ayuda recibieron. Como sabemos España tambiĂ©n pidiĂł ayudas, que no le fueron concedidas a la espera de que los aliados decidiesen que hacer con el rĂ©gimen fascista. Finalmente amnistiaron a Franco, con 800 millones de dĂłlares de regalo de bienvenida.
Intencionadamente el plan prestaba poca importancia a la recuperaciĂłn de los sectores estratĂ©gicos europeos, favoreciendo asĂ la entrada de empresas y productos estadounidenses y estableciendo un estatus de «protectorado militar» sobre Europa Occidental y dependencia de Ă©sta ante los americanos. 75 años despuĂ©s el protectorado polĂtico, energĂ©tico y militar americano sobre Europa sigue muy presente. Y cada vez que alguien en el viejo continente plantea en serio sacudirse esa tutela surgen en alguna parte del mundo «amenazas» para la paz y la libertad.
Para el antiguo asesor en materia de seguridad de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, Europa Occidental es solamente una parte de Eurasia, la que ellos controlan. En sus libros El gran tablero mundial y La Ăşnica potencia mundial asĂ lo reconoce.
En los últimos 25 años USA ha arrastrado a la UE a 3 guerras, todas fuera de sus fronteras. Y está a punto de embarcarla en la cuarta, esta vez en sus puertas.

Los rusos fueron invitados formalmente a participar del plan pero ellos no estaban dispuestos a someterse a ese nivel de dependencia econĂłmica de su entonces aliado americano, además, la URSS no habĂa firmado los acuerdos de 1944. AsĂ que poco despuĂ©s creĂł junto con sus satĂ©lites su propio proyecto de ayuda mutua: el COMECON. Pocos años despuĂ©s el mismo proceso se repetirĂa con la creaciĂłn de la OTAN y su contraparte socialista el Pacto de Varsovia. Y asĂ, durante los siguientes 50 años, Europa quedĂł partida en dos.
Con las pobres bazas que en el reparto de juego le habĂan tocado, Europa se dispuso otra vez a reinventarse y construir casi de cero el estado del bienestar por el que llevaba más de un siglo porfiando. Unos con convencimiento y otros como Francia más escĂ©pticamente.
FRANCE. TOUJOUR LA FRANCE.
Francia, a pesar de haber colaborado econĂłmica y hasta militarmente en la independencia de los Estados Unidos, posiblemente sea el paĂs menos proamericano de todos los europeos. Desde el inicio de la reconstrucciĂłn fue reticente a someterse a la supervisiĂłn americana y a las condiciones impuestas para recibir ayudas. Finalmente accediĂł a regañadientes ante lo inevitable (era condiciĂłn previa que el plan “debĂa ser acogido por la mayorĂa, si no por la totalidad, de las naciones europeas”).

Francia histĂłricamente siempre ha buscado su propio camino entre las naciones. Ese carácter de los franceses como naciĂłn, a medio camino entre el chauvinisme y la universalidad, entre el culto a la libertad y el despotismo ilustrado son parte de la grandeur francesa. A pesar de su incapacidad crĂłnica para distinguir entre Ă©galitĂ© y uniformitĂ© , de su fracaso para gestionar su propia diversidad y de su desastroso proceso descolonizador, ese republicanismo que los franceses profesan como una religiĂłn secular y, bien sĂ»r!, el que Francia ha sido el centro del mundo civilizado desde la caĂda del Imperio Romano hasta la llegada del americano han hecho que, a pesar de sus contradicciones, Francia siempre haya estado en los puestos de cabeza del progreso social, cultural y tecnolĂłgico pero desde una fĂ©rrea defensa de su independencia y su libre albedrĂo.
Francia propuso una direcciĂłn compartida para la OTAN, donde estuviese en igualdad con Estados Unidos y Reino Unido. Ante la negativa americana retirĂł el mando de su flota del Mediterráneo al comando de la OTAN y prohibiĂł la entrada de armas nucleares y de tropas extranjeras en territorio francĂ©s. Estados Unidos se vio obligado a transferir doscientos aviones a Francia y abandonar las diez bases aĂ©reas que utilizaba. La respuesta de la OTAN fue trasladar su sede de ParĂs a Bruselas. Finalmente Francia creĂł su propia fuerza de disuasiĂłn nuclear, la Force de frappe, para no depender del «amigo americano» en caso de ataque. En 2009 Francia volviĂł a integrarse en las estructuras de la OTAN, esta vez bajo sus propias condiciones. (*)
1 Libertad total para la participación de Francia en operaciones de la OTAN. 2 Mantenimiento de su independencia nuclear. 3 Ninguna fuerza francesa estará bajo mando de la OTAN en tiempo de paz. 4 No aportar a los gastos decididos antes de su vuelta a la estructura de mando.
Tras los primeros años de posguerra, a principios de los 50 Europa comienza a ver el fruto de los duros planes de reconstruciĂłn. Termina el racionamiento de los productos básicos, los salarios comienzan a compensar el aumento de los precios, tras los primeros brotes inflacionistas se consigue controlar el aumento de precios, se inicia el crecimiento y la economĂa europea comienza a florecer con Ăndices de crecimiento del 5 y el 6% anual.
Pero este hormiguero de actividad industrial, de circulaciĂłn de todo tipo de mercancĂas, sobre todo materias primas básicas, empieza a provocar tensiones entre los paĂses. Alemania se queja del saqueo que los aliados (Francia principalmente) ejercen sin ningĂşn tipo de orden ni supervisiĂłn en algunas zonas de Alemania. Rhur y el Sarre fundamentalmente. En 1950 Adenauer y De Gaulle se sientan a negociar una soluciĂłn y finalmente Alemania Federal, Francia, Italia, BĂ©lgica, Luxemburgo y PaĂses Bajos crean la CECA (Comunidad Europea del CarbĂłn y del Acero), germen de la posterior CEE. Europa inicia asĂ, de la mano de los grandes polĂticos europeĂstas (Adenauer, Hallstein, Monnet, Schuman, Spinelli…) el largo camino que habrĂa recorrer hasta llegar a ser UniĂłn Europea.
El despegue de la economĂa permite dedicar nuevos recursos a la industria y la investigaciĂłn. Surgen nuevas tecnologĂas como el transistor y, tras el aumento de la extracciĂłn de petrĂłleo, nuevos materiales como los plásticos. Aparecen nuevos bienes de consumo: electrodomĂ©sticos, televisores, coches,… al alcance por primera vez de casi todas las clases y el acceso al ocio, espectáculos, viajes o vacaciones son cada vez más accesibles a las capas populares. El poder adquisitivo siguiĂł aumentando ininterrumpidamente hasta 1975.
Les Trente Glorieuses. La Edad de oro del capitalismo.
Thomas Piketty describe las Trente Glorieuses como un periodo de «recuperaciĂłn» tras las guerras mundiales. Aporta datos estadĂsticos donde aparecen Ăndices de crecimiento en Europa del 0,5% entre las 2 guerras mundiales, mientras que este subiĂł al 4% entre 1950 y 1975, estabilizándose en el 1,5-2% a partir de la crisis de los 70.
Todos los economistas hablan de este periodo como un importante punto de inflexiĂłn en el progreso econĂłmico. Para algunos son la prueba de lo que una economĂa liberal y de libre mercado es capaz de contribuir al progreso de la humanidad. Otros en cambio, aĂşn reconociendo el Ă©xito econĂłmico, ponen más Ă©nfasis en las consecuencia negativas que a la larga trajo. No cabe duda de que cada periodo histĂłrico deja sus huellas y estas antes o despuĂ©s condicionan a las generaciones posteriores.
La suerte de la poblaciĂłn en general mejorĂł sustancialmente. ApareciĂł una clase media con una apreciable capacidad de consumo y las distintas administraciones pusieron al alcance de todos una serie de mejoras sociales en terrenos como sanidad, educaciĂłn y vivienda (los tres pilares del estado del bienestar). Bien por convencimiento o simplemente porque la nueva sociedad de consumo necesitaba consumidores razonablemente conformes y solventes. Sin embargo, la condiciĂłn de clase trabajadora siguiĂł marcada por la penuria en el trabajo y el ascensor social siguiĂł siendo demasiado estrecho y demasiado lento para conseguir un cambio apreciable.
Ya en 1972, el Club de Roma publicĂł el informe Los lĂmites al crecimiento (The Limits to Growth), que criticaba el objetivo del crecimiento econĂłmico sin fin, con el evidente argumento de que Ă©ste no podĂa ser ilimitado en un mundo finito.
Las localidades más rurales sufrieron un repentino descenso de poblaciĂłn, mientras las grandes ciudades experimentaron crecimientos bruscos y a menudo desordenados, dando lugar a arrabales infraurbanizados, muchas veces carentes de los mĂnimos servicios.
En el plano social, aparecieron crĂticas a los cambios de comportamiento que la sociedad de consumo traĂa consigo. Los más evidentes, la reducciĂłn del «entorno familiar» al puramente parental padres/hijos, el debilitamiento de la relaciĂłn vecinal o entre compañeros de empresa y en general de los vĂnculos sociales, el consumismo como ideal de vida, el individualismo y la falta de conciencia social.
A mediados de los años 70, en los paĂses de Europa Occidental el Estado del Bienestar estaba razonablemente extendido, fundamentalmente gracias a lĂderes socialdemĂłcratas como Harold Wilson (*) en Inglaterra, Willy Brandt en Alemania o el asesinado primer ministro sueco Olof Palme. Francia e Italia fueron gobernados, con breves lapsos, durante esos años por el centro derecha o la democracia cristiana, que nunca pusieron en entredicho los principios del estado del bienestar e incluso colaboraron a su fortalecimiento.
(*) HAROLD WILSON, el lĂder laborista británico, es seguramente el menos valorado de entre los grandes lĂderes socialdemĂłcratas . Fue uno de los campeones de la igualdad de oportunidades, no solamente en vivienda, educaciĂłn y sanidad, sino tambiĂ©n en temas como igualdad de sexos, pobreza infantil o personas discapacitadas, temas que entonces ni siquiera estaban en la agenda de la mayorĂa de los partidos. Como Primer ministro liberalizĂł las leyes sobre homosexualidad, aborto o divorcio y eliminĂł la censura. Él aboliĂł la pena de muerte en el Reino Unido.
Cuando llegó la crisis del petróleo peleó sin descanso para que los recortes no afectasen a los más desfavorecidos y cuando se vio impotente dimitió y se fue a su casa sin aspavientos.

En 1979 cuando, a pesar de la crisis del petróleo, la clase trabajadora británica disfrutaba de un razonable estado del bienestar, se produjo la victoria de Margaret Thatcher, que provocó, con la posterior ayuda inestimable del New Labour, la reversión de todo lo conseguido por la generación anterior y la postración de la clase trabajadora ante el altar del neoliberalismo.
La historia del Estado del Bienestar tomĂł otro rumbo …que todavĂa no ha corregido.
