EL ACRE AROMA DE LOS TULIPANES.

Reflexiones sobre el triunfo, sorprendente para nadie, de la extrema derecha en Holanda.

Holanda es un país que siempre ha gozado de una muy buena imagen en casi todas las facetas de su actividad. Los tulipanes, el fútbol, las bicicletas o la falta de conflictos con otras naciones han colaborado a esa percepción positiva del país y sus nacionales han sido generalmente bien recibidos y considerados como gente educada, poco conflictiva y con un poder adquisitivo envidiable.

Sin embargo en los últimos tiempos esa imagen se ha visto empañada al hacerse cada vez más evidentes sus desleales prácticas comerciales y fiscales, más propias del bucanerismo de hace 300 años que de un país civilizado en el siglo XXI.

Holanda (Países Bajos) desde el fin de la Segunda Guerra mundial ha sido, salvo pequeñas excepciones (los 8 años del Partido Laborista en la dècada de los 90), tradicionalmente gobernada por partidos democristianos o de derecha moderada. Pero desde hace una docena de años está siendo gestionada por gobiernos de derecha ultraliberal que, solos o en coalición con otras fuerzas de derechas, han conseguido mantener el poder interrumpidamente.

Como es fácilmente imaginable las políticas de estos gobiernos no son nada novedosas: reducción de impuestos a base de eliminar prestaciones y privatización de servicios básicos en educación y sanidad. A esto hay que sumar la crisis de vivienda provocada por la liberalización de los alquileres y el fin de las políticas de protección a la vivienda.

En el fondo el problema es el habitual de las políticas neoliberales: Las Privatizaciones. Cuando se acaba el torrente de dinero proveniente de la venta o subcontratación de activos públicos a la iniciativa privada, los servicios básicos se resienten, comienzan los recortes, desaparecen los salarios dignos para los trabajos esenciales y la asistencias sociales dejan de ser derechos básicos. Ha pasado siempre y va a seguir pasando (pobre Argentina), mientras que los que diseñan las políticas económicas en Europa sean políticos formados en las Escuelas de Negocios privadas, ligadas a fondos de inversión o al FMI.

La falta de personal en guarderías, hospitales, transporte público o escuelas se ha ido acentuando hasta llegar a cronificarse, mientras tanto, la especulación del suelo alcanzaba precios record. (7.000 €/m² de media a día de hoy). Este deterioro de las arcas y el descontento popular con los servicios públicos, obligó al último gobierno a adelantar las elecciones.

Durante la campaña electoral, la candidata liberal desvió la responsabilidad de las políticas liberales de los últimos años, poniendo el foco en el mismo punto que todos los partidos ultras en toda Europa: la emigración. Todos los problemas de la sociedad holandesa: educación, sanidad, vivienda, transporte… ha sido causado por el mal uso o el fraude que los emigrantes hacen de los servicios públicos.

Pero ese mensaje venía viciado, ya existían un partido político, el Partido de la «Libertad» por supuesto, (siempre es en nombre de la Libertad) y un líder político Geert Wilders, que llevaban años lanzando ese mensaje. Y ya se sabe, entre el original y la copia tarde o temprano…

Geert Wilders cortando simbólicamente la estrella de su país de la bandera europea.

La cruda realidad en los idealizados Países Bajos es que, hijos de emigrantes de segunda o tercera generación holandeses de nacimiento, se hacen cargo de los trabajos que los autenticos holandeses no quieren: recolección en los campos de tulipanes, asistencia de hogares y ancianos, reparto a domicilio,… con salarios que rayan la subsistencia. Holanda es una sociedad profundamente racializada en el reparto del trabajo

Una muestra paradigmática de lo que es la sociedad holandesa ocurrió al inicio de la pandemia, cuando los países de la UE discutían sobre la creación de los fondos que serían necesarios para recomponer Europa después de la pandemia y en medio de una campaña mediática contra el uso de bonos europeos para su financiación, el ministro holandés de finanzas se descolgó con unas declaraciones llamando vagos y parásitos a los países del sur de Europa.

«POR QUÉ EL PLAN DE MERKEL Y MACRON PARA GASTAR 500 MIL MILLONES DE EUROS NO ES BUENO ¡Ni un centavo extra para el sur de Europa!»

El problema de fondo es que, como en tantos países occidentales desarrollados, en Países Bajos existe una clase social autóctona baja o muy baja, (la que inclina la balanza electoral hacia uno u otro lado), a la que la publicidad y los media han hecho creer que son clase media y que sus privilegios están en peligro porque los extranjeros, sus conciudadanos, han venido de fuera a quitarles el puesto de trabajo, ese que ellos nunca aceptarían.

Ese virus llamado «Chovinismo del Bienestar« ya infectó al Reino Unido, lo aprovecharon algunos demagogos ultranacionalistas abocando al país al BREXIT y se repite en casi todos los países de la UE, empujándola hacia la xenofobia y el racismo.

A pesar de lo que la derecha y ultraderecha han prometido a los holandeses, los problemas no se solucionarán ni bloqueando las fronteras ni cerrando las mezquitas. Sólo se solucionarán manteniendo y haciendo más fuerte el estado del bienestar para todos, viejos y nuevos holandeses, con inversiones públicas serias, aumentando los salarios y mejorando los servicios de los trabajadores que sostienen a la opulenta sociedad neerlandesa.

@gukgeuk 231124


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