Si bien las generaciones no constituyen bloques monolĂticos, la edad se está convirtiendo en un indicador cada vez más fiable del voto europeo. A medida que aumenta el nĂşmero de personas mayores y estas desvĂan el gasto pĂşblico hacia sus propias necesidades, la brecha entre lo que poseen los mayores y lo que necesitan los jĂłvenes se amplĂa, lo que lleva a algunos a advertir que Europa se encamina hacia un inevitable choque generacional.
Ben Wray en Green European Journal

Europa está envejeciendo. La edad media en la UE subiĂł a 45 años por primera vez el año pasado. Las personas mayores, de 65 años o más, constituyen ahora una proporciĂłn considerablemente mayor de la poblaciĂłn que los menores de 18 años (un 22 % frente a menos del 18 %). Â
En Europa, hoy en dĂa no hay elecciones en las que el «voto de la tercera edad» no sea crucial para el resultado.
Y el envejecimiento de la poblaciĂłn europea dista mucho de haber alcanzado su punto máximo: se prevĂ© que para 2050, casi el 30 % de la poblaciĂłn tenga 65 años o más. A medida que el «viejo continente» envejece, aumenta el poder electoral de las personas mayores. Los mayores de 50 años constituyen ahora la mayorĂa del electorado.
Más de uno de cada cuatro europeos en edad de votar (el 27 %) tiene más de 65 años. En realidad, esta cifra subestima su poder polĂtico, ya que las personas mayores participan en las elecciones más que los jĂłvenes. En las Ăşltimas elecciones al Parlamento Europeo de 2024, solo el 36 % de los menores de 25 años con derecho a voto ejerciĂł su derecho, frente al 65 % de los mayores de 55. Hoy en dĂa, no hay elecciones en Europa en las que el voto de las personas mayores no sea crucial para el resultado. El envejecimiento de la poblaciĂłn polĂtica tiene consecuencias no solo para los partidos que llegan al poder, sino tambiĂ©n para las polĂticas que defienden.
Una polĂtica marcada por las preferencias de las personas mayores inevitablemente repercute en la economĂa. Para bien o para mal, quienes tienen menos tiempo de vida seguirán desempeñando un papel decisivo en la configuraciĂłn del futuro de Europa.
IdeologĂa versus voto
Como cualquier otro grupo de votantes, el voto de las personas mayores no es en absoluto homogéneo. Las preferencias de los votantes de edad avanzada también están influenciadas por factores sociales distintos a la edad, como el género y la clase social. No obstante, los politólogos han constatado que la edad es un indicador cada vez más determinante de las preferencias electorales .
Las elecciones federales alemanas de 2025 ejemplificaron claramente esta tendencia. Los datos de las encuestas a pie de urna mostraron que más de dos tercios de los mayores de 70 años votaron por los dos partidos tradicionales en el poder en el paĂs: la CDU/CSU de centroderecha (43 %) y el SPD de centroizquierda (25 %). NingĂşn otro partido obtuvo más del 10 % del voto de los mayores.
Por otro lado, el voto de los jóvenes de entre 18 y 24 años estuvo mucho más distribuido y polarizado. El partido de izquierda obtuvo el 25% del voto juvenil, seguido por la ultraderechista AfD con el 21%, la CDU/CSU con el 13% y el SPD con el 12%. Los partidos tradicionales en el poder obtuvieron apenas una cuarta parte del voto juvenil, mientras que los dos partidos más radicales, de izquierda y de derecha, consiguieron el mayor apoyo, con un 46% en conjunto. Si bien las mujeres se inclinaron más hacia la izquierda y los hombres hacia la derecha, y aunque los votantes de menores ingresos tendieron a votar por la AfD y los de mayores ingresos por Los Verdes, ninguno de estos factores sociológicos fue tan relevante como la edad para el patrón de votación en Alemania.
No todas las elecciones en Europa han mostrado un contraste tan marcado por edad como en Alemania, pero es un patrón habitual. No existen datos oficiales sobre la distribución del voto por edad en las recientes elecciones húngaras, pero las encuestas indicaron que el 65 % de los votantes menores de 30 años apoyaron al partido emergente Tisza de Péter Magyar, mientras que el apoyo al derrotado partido Fidesz de Viktor Orbán se concentró principalmente entre los votantes de mayor edad.
Curiosamente, aunque los patrones de votaciĂłn se han polarizado cada vez más por edad, el politĂłlogo Tom O’Grady ha descubierto que la polarizaciĂłn ideolĂłgica entre las distintas generaciones no es mayor que en la dĂ©cada de 1980, y que todas las generaciones se han vuelto más liberales en lo social . «A pesar de que todas las cohortes se han liberalizado con el tiempo, cada nueva cohorte ha sido persistentemente más liberal en lo social que la anterior», afirma O’Grady. Sin embargo, la investigaciĂłn de O’Grady cuestiona la idea errĂłnea comĂşn de que los jĂłvenes son intrĂnsecamente más de izquierda que las personas mayores, y en cambio, descubre que son «relativamente libertarios»: son más liberales en lo social, pero tambiĂ©n están más a favor de la reducciĂłn del gasto pĂşblico y los impuestos.
Lo que quiere el electorado gris
ÂżQuĂ© explica, entonces, la creciente diferencia en los patrones de votaciĂłn? O’Grady descubre que la identificaciĂłn con un partido difiere de la preferencia ideolĂłgica, ya que los jĂłvenes son menos leales a los partidos y están más abiertos a aquellos que son relativamente nuevos en la escena polĂtica, mientras que las personas mayores tienen compromisos polĂticos partidistas más arraigados y, por lo tanto, son menos propensas a cambiar de partido. «Las divisiones generacionales pueden parecer haber aumentado debido a las acciones de los partidos, pero en realidad, los votantes jĂłvenes y mayores en Europa no están más polarizados que en el pasado», afirma.
Hemos constatado que existe el voto de la tercera edad, y hay indicios de que constituye un bloque polĂtico más unido que el voto joven. Pero, ÂżquĂ© es lo que las personas mayores desean polĂticamente?
Un análisis reciente de la evidencia revelĂł que las personas mayores apoyan en gran medida las pensiones y el gasto en atenciĂłn mĂ©dica, pero apoyan poco el gasto en educaciĂłn y cuidado infantil. Son más sensibles polĂticamente a la alta inflaciĂłn que al alto desempleo y muestran menos preocupaciĂłn por la elevada deuda pĂşblica que la poblaciĂłn en general. En otras palabras, las personas mayores buscan defender sus intereses como personas que viven de una pensiĂłn en lugar de un salario.
“Todas las personas tienden a subestimar el futuro y son miopes”, explica Tim Vlandas, politólogo de la Universidad de Oxford que ha escrito extensamente sobre el “poder de la tercera edad”. Dicho esto, existen indicios de que las personas mayores tienden a subestimar el futuro incluso más que la persona promedio. “No es que las personas mayores digan que no les importan otras cosas. Es que, cuando se les obliga a elegir entre dos opciones, es más probable que prioricen aquello que les afecta más directamente”.
Curiosamente, este interés propio basado en la edad no parece ser exclusivo de la generación del baby boom (nacidos entre 1946 y 1964), que actualmente constituye la mayor parte de la población anciana. Vlandas ha constatado que las preferencias de los votantes de la tercera edad se han mantenido, en general, constantes a lo largo de décadas de encuestas . Por lo tanto, cabe esperar que las preferencias de los votantes mayores persistan a medida que su número siga aumentando.
Hay cierta evidencia de que las personas mayores tienden a subestimar el futuro incluso más que la persona promedio.
El poder gris y sus consecuencias
En toda Europa, el gasto en pensiones está aumentando como porcentaje del gasto pĂşblico total. Los Ăşltimos datos de la OCDE revelan que en Francia, el gasto en pensiones alcanzĂł un nuevo máximo del 22,9 % del gasto pĂşblico total. Mientras tanto, en Grecia, paĂs azotado por la austeridad, el gasto en pensiones representa ahora el 28,5 % del gasto pĂşblico, frente al 21,9 % en el año 2000. Las pensiones constituyen la partida más importante del presupuesto de gasto pĂşblico, pero la atenciĂłn sanitaria y social a las personas mayores tambiĂ©n suponen un coste significativo para las finanzas pĂşblicas. El Banco Central Europeo estimĂł que los costes fiscales relacionados con la edad representaron una cuarta parte del gasto pĂşblico total en 2022.
Por supuesto, el aumento del gasto en personas mayores responde, en gran medida, a la necesidad: el hecho de que haya más personas mayores dependientes implica que la demanda de servicios pĂşblicos en este grupo de edad inevitablemente aumenta. Pero las prioridades del gasto pĂşblico dependen tanto de la voluntad polĂtica como de la necesidad. Quizás ningĂşn paĂs haya puesto a prueba mejor esta dualidad que Francia.
El presidente francés Emmanuel Macron ha impulsado repetidamente la reforma de las pensiones, la más reciente en 2023, cuando intentó elevar la edad de jubilación de 62 a 64 años mediante un proyecto de ley sobre la financiación de la seguridad social. Ante las encuestas de opinión que mostraban una profunda oposición a las reformas, las huelgas masivas, las protestas callejeras y la rebelión dentro de la Asamblea Nacional, Macron recurrió a una norma constitucional poco conocida para aprobar el proyecto de ley, eludiendo asà la votación parlamentaria.
ÂżQuĂ© nos enseña la experiencia francesa sobre la polĂtica del envejecimiento? David Jamieson, escritor y activista escocĂ©s, cree que la sociedad francesa, desde los jĂłvenes hasta los ancianos, demuestra un alto grado de compromiso con la defensa de una «tercera edad» digna. «En cierto modo, se envidia la cultura polĂtica francesa», afirma. «Parece existir en Francia una mayor conciencia de que existen intereses de clase e intereses sociales que no se ven eclipsados ​​por las divisiones generacionales».
Jamieson, padre primerizo y millennial, rechaza la idea “tecnocrática” de que las compensaciones entre el gasto pĂşblico destinado a las necesidades de las personas mayores y las familias, y las polĂticas favorables a los trabajadores sean inevitables. “Seamos honestos sobre la direcciĂłn polĂtica que se está tomando en Europa”, afirma. “No hay una oleada de gobiernos atrapados por la aritmĂ©tica electoral que deseen desesperadamente redirigir fondos de los pensionistas a la poblaciĂłn en edad laboral”. Añade: “En realidad, los gobiernos están deseosos de recortar fondos tanto de los pensionistas como de los trabajadores, y redirigir esos recursos al gasto en defensa y a diversas formas de apoyo financiero a las grandes empresas”.
Francia no es, ni mucho menos, el Ăşnico paĂs donde los intentos de reforma de las pensiones han encontrado una enorme resistencia polĂtica. El gobierno alemán se topĂł con una feroz oposiciĂłn pĂşblica el año pasado cuando intentĂł elevar la edad de jubilaciĂłn a 70 años. En España, las pensiones se desvincularon de la inflaciĂłn durante la crisis de la eurozona en 2014, pero tras años de protestas, el gobierno español restableciĂł la indexaciĂłn de las pensiones a la inflaciĂłn en 2021.
Consenso sobre pensiones y cĂrculos viciosos
Parte de la razĂłn de la persistencia del gasto en pensiones radica en que cuenta con el apoyo tanto de jĂłvenes como de mayores. Vlandas cree que la actitud positiva de los jĂłvenes hacia el gasto en pensiones se explica, al menos en parte, por el hecho de que muchos dependen econĂłmicamente de sus padres, especialmente en el sur de Europa. «En Grecia, Italia y España, donde el estado del bienestar se centra en gran medida en las pensiones, los jĂłvenes se enfrentan a una gran inseguridad en el mercado laboral», afirma. «Si vives en esa situaciĂłn y con tus padres —como muchos jĂłvenes en estos paĂses—, tiene todo el sentido que inviertas en lo Ăşnico que te ofrece seguridad: la pensiĂłn de tus padres».
“Cuanto mayor sea el nivel de pensiones en un paĂs, mayor será el apoyo a las mismas. ÂżPor quĂ© apoyarĂa que se recortara la pensiĂłn de mis padres a cambio de una posible inversiĂłn en personas en edad laboral que no creo que se concrete? Ese trato no me parece muy atractivo”, concluye Vlandas.
La paradoja de una polĂtica fuertemente centrada en el gasto pĂşblico destinado a las personas mayores radica en que la capacidad de mantener dicho gasto a lo largo del tiempo depende en gran medida de la productividad de los mismos trabajadores a quienes no se les da prioridad en la inversiĂłn. Charles Goodhart, profesor jubilado de economĂa de la LSE que tambiĂ©n trabajĂł en el Banco de Inglaterra, cree que esta contradicciĂłn, en Ăşltima instancia, dificultará que los gobiernos sigan satisfaciendo las demandas de los votantes de la tercera edad.
«El problema es que, a medida que aumenta la tasa de dependencia de la tercera edad, la situación fiscal empeora y, además, el crecimiento del PIB se ralentiza, lo que agrava aún más la situación fiscal», añade. «Con el aumento del gasto en defensa y el mayor gasto necesario para gestionar el cambio climático, las perspectivas fiscales son realmente desoladoras».
Goodhart es coautor de *The Great Demographic Reversal*, publicado en 2020, que concluye que la economĂa global se encuentra al inicio de una profunda transiciĂłn de una era de baja inflaciĂłn a una de inflaciĂłn permanentemente alta, debido al creciente nĂşmero de personas mayores —que son consumidores pero no productores—. Además, la menor oferta de mano de obra por el envejecimiento de la poblaciĂłn y los mayores impuestos a la poblaciĂłn en edad laboral impulsarán a los trabajadores a buscar aumentos salariales superiores a la inflaciĂłn, lo que agravará las presiones inflacionarias. Dado que los votantes mayores tienden a castigar a los gobiernos por la inflaciĂłn, Goodhart está convencido de que esto provocará una divisiĂłn polĂtica intergeneracional. «Los jĂłvenes están en apuros. Si consideramos el tema de la vivienda, las personas mayores cuentan con un patrimonio relativamente alto, mientras que a los jĂłvenes les resulta muy difĂcil independizarse, financiar su propia vivienda y formar una familia», explica.
Tanto en la derecha como en la izquierda, la idea de que el conflicto intergeneracional es inevitable cobra cada vez más fuerza.
“Ese es uno de los factores que mantienen baja la natalidad, lo que a su vez reduce aĂşn más la fuerza laboral nativa. Las bajas tasas de natalidad aumentan la presiĂłn para que la inmigraciĂłn cubra la escasez de mano de obra, especialmente en el cuidado de personas mayores, lo que a su vez impulsa el populismo de derecha. AsĂ que todo esto está girando en un cĂrculo vicioso muy peligroso.”Â
ÂżEs inevitable el conflicto intergeneracional?
Tanto en la derecha como en la izquierda, la idea de que el conflicto intergeneracional es inevitable cobra cada vez más fuerza. Philip Pilkington, autor de *El colapso del liberalismo global* y defensor del partido de extrema derecha Fidesz de Viktor Orbán en HungrĂa, sostiene que es probable que los jĂłvenes, al ser una minorĂa demográfica, aprovechen su mayor fortaleza fĂsica para imponer su voluntad, ya que «les conviene abolir la democracia». Pilkington incluso llega a afirmar que los jĂłvenes «no solo aceptarán, sino que promoverán activamente la eutanasia» como soluciĂłn para ganar la «guerra intergeneracional».Â
Oli Dugmore, editor de la revista de centroizquierda The New Statesman y miembro de la generaciĂłn millennial, parece respaldar la predicciĂłn de Pilkington al escribir que la eutanasia serĂa un «pragmatismo desagradable» porque es una forma infalible de reducir los costos de la atenciĂłn mĂ©dica y las pensiones, evitando al mismo tiempo el sufrimiento innecesario. Concluye: «Que mueran».
Jamieson cree que estas posturas exageradas pueden explicarse en parte por la polarizaciĂłn polĂtica, ya que los partidos populistas —y sus defensores en los medios— buscan construir bloques de apoyo basados ​​en la edad. «Antes pensábamos que los partidos construĂan bloques de votantes mediante el consenso, mientras que ahora está claro que se construyen mediante la polarizaciĂłn, y que esto invariablemente se convierte en una guerra cultural», argumenta. «Eso es lo que estamos viendo ahora, cuando la derecha y la izquierda intentan dirigirse a generaciones especĂficas —y a menudo diferentes—. Pero, fundamentalmente, el problema del envejecimiento de la poblaciĂłn no es generacional».
Vlandas coincide en que la dimensiĂłn generacional puede exagerarse en el debate pĂşblico. «Hay muy pocas cosas especĂficas de pertenecer a la generaciĂłn del baby boom que influyan en los desafĂos que plantea el envejecimiento de la poblaciĂłn», afirma. «Se trata fundamentalmente de la posiciĂłn que se ocupa dentro de la estructura econĂłmica del capitalismo avanzado, y lo que determina dicha posiciĂłn es un horizonte temporal más corto, pero, sobre todo, de la fuente de la que se obtiene el sustento, que para las personas mayores es el sistema de pensiones».
ÂżQuĂ© podrĂa frenar una escalada hacia un conflicto intergeneracional populista? Vlandas aboga por soluciones estructurales que incrementen la participaciĂłn electoral de los jĂłvenes para contrarrestar el voto de la tercera edad, como el voto obligatorio, y medidas polĂticas como la indexaciĂłn de las pensiones a los niveles salariales. «Es necesario contar con un sistema de pensiones que alinee, en la medida de lo posible, los intereses de los pensionistas con los de la poblaciĂłn en edad laboral», afirma.
Jamieson, por otro lado, cree que deberĂamos recurrir al poder de los movimientos sociales para alterar el statu quo. «Creo que mucha gente piensa que el cambio social se produce cuando el 50 % más uno de la poblaciĂłn se moviliza», afirma. «Eso nunca sucede. Normalmente, es un pequeño sector de la poblaciĂłn el que participa en acciones significativas y de confrontaciĂłn».
El futuro de la polĂtica radical
Pero, Âżcuál es el futuro de la polĂtica de protesta en el contexto de una poblaciĂłn que envejece?
Huey P. Newton, cofundador del Partido Pantera Negra, afirmĂł que «la revoluciĂłn siempre ha estado en manos de los jĂłvenes». Pero si la juventud constituye un sector cada vez más reducido de la sociedad, Âżseguirá siendo una fuerza eficaz para impulsar el cambio social? Algunos sectores de la izquierda han expresado dudas sobre el potencial de una convulsiĂłn radical en el contexto del poder de la tercera edad , pero Jamieson considera que estas preocupaciones son exageradas. «Hay una gran verdad en que, si analizamos la historia de las revueltas, vemos que son protagonizadas por jĂłvenes», afirma. «Puede haber razones sociolĂłgicas y psicolĂłgicas para ello. Pero es importante recordar que el cambio radical siempre es impulsado por una minorĂa de la poblaciĂłn».
Para Jamieson, “Hemos visto una y otra vez en la historia que lo que se exige al resto de la población es que se involucre de forma más pasiva a favor de los revolucionarios, o que simplemente no defienda el statu quo”.
Al considerar el poder de la tercera edad, es importante tener en cuenta que el peso electoral es solo una de las mĂ©tricas para evaluar la influencia polĂtica potencial de un grupo de edad determinado. Además, la edad no define de forma determinante las creencias ni las acciones: tanto en el movimiento por la acciĂłn climática como en el movimiento de solidaridad con Palestina, muchas personas mayores han desempeñado un papel fundamental en los Ăşltimos años.
Sin embargo, la edad sĂ importa. La estructura de nuestra economĂa y sociedad cambia con el paso del tiempo, y esa estructura socioeconĂłmica condiciona las opciones polĂticas a nuestro alcance. Incluso si las polĂticas para aumentar la natalidad funcionaran, no incrementarĂan el tamaño de la fuerza laboral hasta dentro de unas dos dĂ©cadas. Â
Se atribuye al filĂłsofo francĂ©s del siglo XIX Auguste Comte la frase: «La demografĂa es el destino». Si bien esto podrĂa ser una exageraciĂłn, al menos en el ámbito polĂtico, la máxima de Comte conserva gran parte de su verdad: los gobiernos están condicionados en gran medida por la demografĂa, y el envejecimiento de la poblaciĂłn implica que esas limitaciones se acentĂşan dĂa a dĂa.
Ben Wray es un periodista e investigador independiente escocĂ©s que reside en el PaĂs Vasco.
