APUNTES SOBRE LA TMM.

¿Porqué la Teoría Monetaria Moderna, aplicada furtivamente y con gran éxito por gigantes como EEUU o Japón,  está prohibida para los países de la UE?


Hasta muy recientemente, hasta ahora mismo incluso, podemos decir que el pensamiento económico se divide fundamentalmente en dos corrientes mayoritarias:

  • LIBERALISMO ECONÓMICO. Propugna que el mercado se regula solo y sin intervención del estado. Desregulación y pocos impuestos. El neoliberalismo es la actualización de esa clásica doctrina. Curiosamente y a pesar de ser la predominante en el mundo occidental, prácticamente ningún economista prestigioso se reivindica como neoliberal. Cuestión de corrección política?. Milton Friedman, de la escuela de Chicago y Friedrich von Hayek, de la austríaca, son sus principales exponentes.
  • KEYNESIANISMO. Admite que el mercado no es perfecto, que tiene fallos. Propone al estado como corrector de los desequilibrios e incentivador de la economía. Una nueva doctrina neokeynesiana intenta, de momento con escaso éxito, contraponerse a su antagonista liberal de la mano de economistas como los estadounidenses Paul Samuelson, Joseph Stiglitz y James Tobin, los franceses Emmanuel Saez y Thomas Piketty o el argentino Axel Kicillof

Algunos podrían argumentar que existe también la escuela económica marxista. Otros preferimos pensar que el marxismo no es una teoría económica sino social. Y como tal ajena a este estudio.

Recientemente se ha hablado mucho de una tercera corriente denominada Teoría Monetaria Moderna (TMM), que redefine el papel de la moneda en las relaciones económicas y atribuye en exclusiva al estado y no a los bancos, (ni siquiera a los centrales), la facultad de emitir o retirar moneda del mercado para corregir desequilibrios económicos y financieros. Hasta hace poco la TMM estuvo relegada a debates teóricos en unas pocas universidades americanas (su origen se cita en la Universidad de Misuri) hasta que recientemente personalidades políticas como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez la pusieron sobre la mesa como alternativa a la debacle social que el neoliberalismo esta ocasionando en USA.

En realidad la TMM es una puesta al día del Cartalismo, una teoría económica propuesta a finales del XIX por la Escuela historicista alemana de economía y que a lo largo del último siglo ha ido apareciendo y desapareciendo de las propuestas económicas de la manos del llamado Grupo de Cambridge o de economistas como Abba Lerner. Es la fuente de la que beben economistas postkeynesianos como Edward J. Nell o Joan Robinson.

Para empezar uno de los distintivos de la TMM es que acaba con uno de los dogmas, hasta ahora indiscutidos, de la economía clásica, y es el de que el Estado solo dispone de dos herramientas para financiarse: Aumentar los impuestos o endeudarse. La TMM añade una tercera opción a las anteriores: El Estado también puede crear dinero para utilizarlo en lo que necesite: infraestructuras, servicios sociales, pensiones o incluso inversiones y/o expropiaciones.

Uno de los puntos más discutidos en el debate sobre la TMM es su influencia en la tasa de inflación. Por lo general las corrientes económicas oficialistas han considerado siempre que es la demanda la que condiciona la presión inflacionaria. Sin embargo la experiencia de las últimas décadas nos dice que es la oferta la que, mayoritariamente, ha provocado las crisis inflacionarias, bien sea por shocks geopolíticos, como en el caso actual de la crisis de Ucrania, por problemas puntuales de suministros estratégicos o, lo más habitual, por distorsiones del mercado provocadas interesadamente por oligopolios o cárteles multinacionales.

Para los economistas más ortodoxos el uso indiscriminado de esta práctica monetaria conduce inevitablemente a la hiperinflación y a la pobreza. Pero, como se ha dicho, no es eso lo que la experiencias en países desarrollados como Europa, Japón y los mismísimos EEUU demuestra.

El caso de Japón.

A principios de los 90 Japón entró en profunda recesión. El gobierno liberal de entonces aplicó políticas monetarias de flexibilización, (básicamente inyectar liquidez en el mercado financiero, con tasas de interés de 0%) para reanimar la economía. Durante todo este tiempo la inflación nunca se materializó en Japón, de hecho el mayor problema financiero del moderno Japón ha sido históricamente la deflación.

Desde entonces el Banco Central del Japón (BoJ) lleva décadas manteniendo tipos de interés próximos a cero o incluso negativos, mientras emite moneda masivamente. Eso permite al gobierno japonés comprar deuda pública en enormes cantidades para financiar el gasto sin preocuparse demasiado por el déficit. En la actualidad la deuda publica del país supera el 250%, sin que exista una crisis de deuda.

Según la mas elemental doctrina económica, el país se debería estar enfrentando a una inflación monstruosa. Sin embargo en 2024 la inflación promedio anual fue del 2,7% y el gobierno japonés se sigue esforzando para no caer en deflación.

Tras la debacle de 2008, Estados Unidos inyectó en tres fases consecutivas, hasta 4.4 billones de $ (billones europeos) en su sistema financiero. También entonces los gurús más ortodoxos del universo financiero estadounidense auguraron que la hiperinflación se desataría. Hoy la FED sigue esforzándose en alcanzar su meta de inflación a base de seguir reduciendo el interés líder.

Estos ejemplos, y otros que podrían mencionarse referidos a Reino Unido, Australia o Canadá, son lo suficientemente contundentes como para avalar la teoría de la TMM de que los Estados ¡que controlen su divisa!, pueden financiar sus proyectos de desarrollo económico simplemente imprimiendo billetes. De hecho lo hacen. No importa el nivel de endeudamiento porque un país desarrollado no puede caer en la insolvencia.

En Europa las políticas monetarias tipo TMM están prohibidas por el tratado de la UE, porque para eso precisaría disponer de unas políticas monetarias y fiscales comunes y armonizadas, algo a lo que los países más ricos no están dispuestos. Pero cuando en 2012, en medio de la crisis del euro, el entonces presidente del BCE Mario Draghi anunció que «el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente», no estaba hablando de otra cosa que de «expansión cuantitativa», eufemismo utilizado para inundar el mercado de euros al objeto de incentivar la economía y de su voluntad de continuar con la política de flexibilización monetaria todas las veces que hiciese falta hasta que las tensiones recesivas desapareciesen de la eurozona. Una manera vergonzante de aplicar políticas de TMM.

Es la inyección de ese dinero en la economía real lo que diferencia a la TMM de las doctrinas financieras y monetarias hegemónicas. Existen formas y formas de aplicar políticas de expansión cuantitativa. Hasta ahora el dinero creado con ese objetivo nunca ha entrado directamente en los canales de la economía real. Simplemente se ha facilitado a las entidades financieras su acceso a él, que han dispuesto así de grandes cantidades de liquidez a intereses bajísimos, incluso negativos; para que a su vez estas pongan el dinero en circulación a precio de mercado. Esto ha supuesto beneficios fabulosos para los bancos, beneficios convenientemente festejados en las redes y los medios de comunicación y que raramente se han destinado a otro fin que no sea el reparto de dividendos entre sus accionistas, sin que la sociedad en general se haya visto beneficiada. Al contrario, mayoritariamente ha supuesto un mayor nivel de endeudamiento para el sector privado.

Préstamos a residentes de la zona del euro excluyendo los gobiernos. Fuente: BCE.

Pero los principales defensores de la TMM hablan de otra cosa. La TMM replantea las relaciones de poder dentro de la economía, aleja ese poder de las manos de la banca y lo pone en manos de los gobiernos democráticos; priorizando a las personas y al empleo, y condicionando los beneficios de las entidades financieras a sus servicios bancarios, no a sus maniobras especuladoras. Ahora podemos entender el porqué de tantos economistas en plantilla están en contra de la TTM: porque cuestiona los privilegios de sus patrones a costa de la ciudadanía.

Video de Richard Murphy,  economista político e interventor público de cuentas y profesor de economía política, explicando la TMM.

Resumiendo mucho y seguramente mal. La TMM defiende:

  • El Estado es el único competente a la hora de emitir o retirar moneda del mercado.
  • Emite tanta como sea necesaria para financiar servicios, infraestructuras, proyectos estratégicos, …
  • En caso de exceso de efectivo circulante, para evitar la hiperinflación, retira el sobrante vía impuestos.

La TMM es una herramienta novedosa y aún no usada pero importante porque rompe con la manida excusa de la izquierda del «no es posible«, «es lo que hay» o «no es el momento» a la hora de aplicar esas políticas económicas avanzadas tan atractivas y que tanto lucen en los programas electorales.

Pero desgraciadamente el privilegio de aplicar la Teoría Monetaria Moderna en sus economías está reservado a un pequeño club de países con capacidad para emitir su propia moneda y que esta a su vez sea un medio de pago admitido en el comercio internacional o en amplias zonas del comercio mundial. En la práctica eso limita su aplicación a los USA (que la usa subrepticiamente cuando las cosas le vienen mal dadas) o, el caso más claro, por Japón, mientras con la boca de mentir ambos siguen defendiendo las políticas monetarias del FMI.

En el caso de los países europeos, solamente los países que no son miembros de la zona euro tendrían, en teoría, la capacidad de aplicarla, pero sus respectivas monedas (salvo quizás el caso de la libra esterlina), no son divisas de intercambio global. El resto perdieron su soberanía monetaria al cederla al Banco Central Europeo y por tanto, solamente en el caso una acción concertada de la Unión Europea sería posible su aplicación. Cosa imposible en esta Europa sometida servilmente a la anglosfera.

@gukgeuk 241213