VUELTA AL SIGLO XIX.
A pesar de que en teorĂa Thatcher era una tory, el calificativo que mejor podrĂa definirla es el de whig (cuatrero), apelativo usado en Escocia para denominar a los miembros del viejo Partido Liberal británico. Bajo su liderazgo se aplicaron duras polĂticas econĂłmicas: Radicalismo polĂtico, monetarismo a ultranza, desregulaciĂłn de los mercados (laissez faire) y limitaciĂłn de los derechos sindicales o directamente supresiĂłn de los mismos. Se pusieron en práctica las teorĂas neoliberales hasta sus Ăşltimas consecuencias dejando a la sociedad británica a merced de las leyes del mercado, preconizando incluso la tercerizaciĂłn de servicios tan sensibles como el cuidado de ancianos o el mismĂsimo NHS e impulsando cambios en sus mĂ©todos organizativos, servicios, relaciones laborales, planificaciĂłn de gastos, gestiĂłn financiera, contrataciones, compras, y un largo etcĂ©tera. Cuando, en medio de la recesiĂłn y con un desempleo galopante su popularidad disminuyĂł, usĂł el recurso de de los autĂłcratas: inflamar la llama del patriotismo embarcando a su paĂs en una guerra en el otro confĂn del mundo.

Para cerrar el cĂrculo implantĂł la denominada Nueva GestiĂłn PĂşblica (NPM por sus siglas en inglĂ©s) como modo de llevar su RevoluciĂłn Conservadora, hasta la AdministraciĂłn PĂşblica. Este modelo de «Gobernanza liberal sin complejos» fue inmediatamente adoptado en USA por la administraciĂłn Reagan y a lo largo de la dĂ©cada de los 90 por casi todos los paĂses anglosajones, luego por los paĂses más desarrollados y finalmente por todos los de la OCDE.
Por supuesto estas polĂticas se nos hacen familiares, las administraciones del PP (y otras en manos de administradores supuestamente socialistas) llevan muchos años aplicándolas. La mejor muestra de estas polĂticas de gestiĂłn pĂşblica la tenemos en el paroxismo ultraliberal de la administraciĂłn de DĂaz Ayuso en Madrid.
Thatcher, era atlantista, no europeĂsta, además de una furibunda nacionalista inglesa. Durante todo su mandato practicĂł un delicado equilibrio con la UE, acercándose a Bruselas cuando los problemas le acuciaban, pero culpándole simultáneamente de esos mismos problemas. Si alguna herencia ha dejado es la inoculaciĂłn, tanto en su paĂs como en otros del continente, de ese virus antieuropeo. AbandonĂł su cargo en 1990 y muriĂł 23 años despuĂ©s en el Hotel Ritz de Londres, dejando tras de sĂ un paĂs de ciudadanos mucho menos defensores del «Estado del bienestar» y la redistribuciĂłn de la riqueza que a su llegada al poder (*) .
Tres años despuĂ©s de su muerte, en un referĂ©ndum manipulado por su seguidores, Inglaterra abandonĂł la UniĂłn Europea, arrastrando con ella a Escocia, Gales e Irlanda que habĂan votado claramente por la permanencia. Desde cualquiera de los cĂrculos que Dante tuviese previstos para gente como ella, sonreirá con satisfacciĂłn.
EdB EN LA OTRA EUROPA
Mientras todo esto sucedĂa en el «mundo libre», al otro lado del telĂłn de acero la historia tenĂa otros ritmos. La URSS mantenĂa a duras penas el pulso que el imperio americano en todos los campos le planteaba (carrera espacial, nuclear, potencia militar, influencia geoestratĂ©gica…). China comenzaba a despertar de la pesadilla de la RevoluciĂłn Cultural y, bajo la direcciĂłn de Deng Xiaoping, iniciaba un programa de reformas econĂłmicas cuyo objetivo final, utĂłpico entonces, serĂa convertir, bajo el paradigma del «Socialismo con caracterĂsticas chinas», al viejo dragĂłn asiático en una economĂa fuerte y no dependiente de ningĂşn bloque. Parece que lo han logrado.
En el este de Europa, algunos de los paĂses que hoy componen la UE restañaban sus heridas tras la hecatombe de la guerra, reconstruĂan su tejido industrial y reconvertĂan sus viejas sociedades al nuevo paradigma socialista, que ni era tan idĂlico como la propaganda comunista proclamaba ni tan oscuro como lo pintaba la contrapropaganda del otro lado del telĂłn.
Los paĂses del este de Europa son de tamaño mediano, ni tan grandes como para ser considerados potencias industriales o econĂłmicas ni tan pequeños como para no permitirles un desarrollo notable. Dentro de los lĂmites de su Ăłrbita fueron capaces de sobrevivir y ocasionalmente, algunos de ellos hasta brillar en algunos campos. Tomemos como ejemplo uno de ellos, Bulgaria, ni el mayor ni el más conocido:
A finales de la guerra el 75% de la producciĂłn del paĂs procedĂa del sector primario. La industrializaciĂłn progresiva del paĂs fue invirtiendo los porcentajes y en 1980 solamente el 20% era producciĂłn agropecuaria mientras que la industrial rozaba el 80%.​ El crecimiento de los ingresos permitiĂł que las familias dedicasen hasta un 30% de los mismo al ahorro, con el que acceder a la compra de vivienda (para 1972 se habĂan construido 1.400.000 viviendas nuevas para una poblaciĂłn de 8 millones) por medio de hipotecas del Banco Nacional al 2% de interĂ©s.
Mientras en otras partes de Centroeuropa, el principal motor de la industrialización era la industria pesada, Bulgaria apostó decididamente por la informática llegando a convertirse a un notable fabricante de computadoras y microchips, lo que le valió el sobrenombre de «el Silicon Valley del Este».

Naturalmente la educaciĂłn primaria era obligatoria, pero además el 90% de los alumnos accedĂan a la educaciĂłn secundaria. La educaciĂłn universitaria era gratuita y Bulgaria llegĂł a ocupar, tras USA y la URSS, el tercer lugar del mundo en nĂşmero de estudiantes universitarios y el primero en proporciĂłn a su poblaciĂłn.
La asistencia medica era estatal y gratuita, incluida la atención dental, se extendió la cobertura de salud a las áreas rurales, se potenció la industria farmacéutica y para 1960 la malaria, una de las enfermedades endémicas, fue erradicada.
Todos los trabajadores con 22 años de cotizaciĂłn tenĂan derecho a la pensiĂłn a partir de los 60 años (55 en el caso de las mujeres). Los fondos los aportaban las empresas y no se descontaban del sueldo del trabajador. La protecciĂłn social incluĂa cerca de 7.500 guarderĂas con 340.000 plazas para niños cuyos padres pagaban el 30% de los gastos mientras el Estado aportaba el resto. Una red de 1.500 campamentos para 600.000 jĂłvenes y 1.000 casas de vacaciones con 70.000 plazas para que sus padres disfrutasen de las 2 semanas oficiales de vacaciones completaban la oferta. Todo esto en un paĂs con una superficie y poblaciĂłn parecida a AndalucĂa. En la dĂ©cada de los 70, la RepĂşblica Popular de Bulgaria con un coeficiente Gini de 18, era uno de los paĂses con bajos niveles de desigualdad en el mundo, el año 2020 su Ăndice era superior a 40.
Hoy Bulgaria, miembro de la UE desde hace una docena de años, es su miembro más pobre en tĂ©rminos de PIB per cápita. Es tambiĂ©n el paĂs que más rápidamente pierde poblaciĂłn. Cuando el bloque socialista colapsĂł tenĂa algo más de 9 millones de habitantes, hoy apenas llegan a los 7, casi una cuarta parte de su poblaciĂłn ha abandonado el paĂs. No debe extrañarnos que Bulgaria, que es junto con Grecia la naciĂłn más antigua de Europa, no tenga un gran concepto de esta UniĂłn Europea.
«EL FIN DE LA HISTORIA»
En 1989 el telĂłn de acero se derrumbĂł. Un año despuĂ©s la UniĂłn SoviĂ©tica se autodisolviĂł y en un ambiente de euforia neoliberal Francis Fukuyama lanzĂł su famosa proclama «La historia ha terminado!» dando inicio asĂ a un nuevo modelo de sociedad basado en la economĂa de libre mercado y en la polĂtica. En donde los cambios los determinarĂan la ciencia, la tecnologĂa y sobre todo la biologĂa, que todavĂa no han encontrado sus lĂmites.

Francis Fukuyama es un politĂłlogo norteamericano. A pesar de su ascendencia japonesa, ha tenido poco contacto con su cultura y apenas habla el idioma de sus abuelos. Fundador de Think Tanks neoconservadores, en 1998, Fukuyama firmĂł junto a algunos de ellos una carta al presidente Clinton a favor de una segunda guerra en Irak, que finalmente se concretĂł en la Segunda Guerra del Golfo.
Esa visiĂłn optimista (desde el punto de vista neoliberal) del futuro de la humanidad terminĂł en 2008, cuando los excesos del capitalismo salvaje, que ya se habĂan llevado por delante las economĂas de paĂses enteros, estuvieron a punto de acabar tambiĂ©n con las economĂas más prĂłsperas, llevando a algunos de los lĂderes occidentales a moderar su discurso libertario y abogar por una «RefundaciĂłn del capitalismo desde unas bases Ă©ticas».
Durante los Ăşltimos años, Fukuyama ha ido progresivamente distanciándose de los postulados neocoms, de los que dice que «se han convertido en algo que yo no puedo apoyar». Critica sobre todo el unilateralismo con el que USA impone sus polĂticas. Hace tres años preguntado por su opiniĂłn sobre el socialismo respondiĂł: «Depende de lo que entendamos por socialismo. Si te refieres a programas redistributivos para corregir el desequilibrio de la riqueza, entonces sĂ, no solo creo que puede regresar, sino que deberĂa regresar. Esa Ă©poca de Reagan y Thatcher, en muchos sentidos tuvo un efecto desastroso» (*)
Parte V. ÂżY AHORA?


