Y AHORA?
En 1994 John Nash recibiĂł el Premio Nobel de EconomĂa por sus aportaciones a la teorĂa de juegos, uno de cuyos capĂtulos más interesantes es conocido como El equilibrio del miedo en el que viene a demostrar que las estrategias individuales, por muy acertadas que Ă©stas sean, de nada sirven si el resto de los agentes del juego no cambian la suya, porque a pesar de lograr el mejor resultado posible para cada jugador el resultado podrĂa ser mejor coordinando sus estrategias. Este enrevesado enunciado se explica perfectamente en el dilema del prisionero que muestra hasta que punto dos o más jugadores pueden sabotearse mutuamente, incluso en perjuicio de todos.

La realidad es que el capitalismo, desde su última crisis, no ha modificado en nada sus prácticas depredadoras y aún menos sus bases éticas como Sarkozy postulaba, el sálvese quien pueda sigue siendo consustancial con el neoliberalismo, su brazo politico, que ni por un momento se plantea renunciar a sus estrategias individualistas ni menos coordinarlas para conseguir un resultado mejor para todos.
En 2022 esta Europa mutilada, cada vez más dependiente industrialmente de China, geoestratĂ©gica y culturalmente tutelada por el socio americano y energĂ©ticamente dependiente del ciclotĂmico vecino ruso está en horas bajas. Los nacionalismos egoĂstas, grandes y pequeños, el empobrecimiento cultural que, paradĂłjicamente, nos ha traĂdo la era digital y la tutela de las instituciones democráticas desde los poderes econĂłmicos y mediáticos, están dando la medida de lo que en realidad es la UE: un espacio de 450 millones de consumidores. Un mercado libre para Alemania, sin apenas conciencia comĂşn de ciudadanĂa ni proyecto de futuro más allá de unas instituciones comunes devenidas en un fin en sĂ mismas. El Estado del Bienestar europeo está lejos de ser una realidad.
A finales del XIX Bismark construyĂł una naciĂłn a partir de una multitud de estados, reinos y principados. Cada uno con su historia, sus intereses y sus pequeños egoĂsmos. Quiso hacerlo a cañonazos y eso a Europa le costĂł 3 guerras y millones de muertos. Finalmente el Canciller de Hierro se dio cuenta de que una naciĂłn unida no era la suma de pequeños territorios y de que no existirĂa una ciudadanĂa alemana sin un interĂ©s comĂşn que la fraguase y el brutal militar prusiano tuvo la genialidad de cohesionarla alrededor de un interĂ©s comĂşn, identificando el Estado Social con la naciĂłn. El bienestar con la ciudadanĂa.
Hoy en dĂa, como en la Alemania de mediados del XIX, en Europa coexisten multitud de pequeños estados del bienestar. Dispersos, desiguales, descoordinados y a veces excluyentes unos de otros. Incomprensiblemente Europa como tal está ausente en este terreno tan importante del Estado del Bienestar. Tan importante como que es el cuajo con el que llegado el momento (si llega) emulsionará en una conciencia europea lo que hoy no es más que una diversidad de pequeñas, o no tan pequeñas, ciudadanĂas diferentes. Del mismo modo que el Estado Social de Bismark fraguĂł los principados y reinos germanos en lo que hoy es Alemania.
Porque, y esto debe de quedar muy claro, no seremos ciudadanos europeos hasta que el modelo europeo de Estado del Bienestar nos acoja a todos. O, dicho de otro modo, es el Estado del Bienestar el que dará la carta de ciudadanĂa a los europeos del futuro.

«Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho»
Rober Schuman
Hoy algunos creen que con sanidad, educaciĂłn y vivienda más o menos garantizados por el Estado ya se puede certificar a este con el label EdB. Algunos incluso piensan que se ha ido demasiado lejos, que esto es una fiesta que sĂłlo sirve para alimentar perezosos y atraer a inmigrantes del tercer mundo. No pueden estar más equivocados unos y otros. Si Europa no da el siguiente paso hacia adelante, dentro de una o dos generaciones será la parte de Eurasia econĂłmica, energĂ©tica y geopolĂticamente insignificante que predijo Brzezinski. AsĂ que mejor pongamos manos a la obra:
I. FIN DEL PROTECTORADO.
EUROPA DEBE LIBERARSE DE TUTELAS Y EMERGER COMO UN ESPACIO SOBERANO.
Ya hemos comprobado que las ayudas de aliados más o menos afines devienen más temprano que tarde en dependencia militar, tecnolĂłgica y colonizaciĂłn cultural. El protectorado americano sobre la UniĂłn Europea debe terminar. La OTAN se creĂł en un tiempo y marco determinados que ni por el forro son los actuales, aunque algunos pretendan refundarlo por razones ideolĂłgicas y econĂłmicas inconfesables. Ese espĂritu liberador que en los años 60 impulsĂł a Francia a abandonar las estructuras militares de la OTAN para «que Francia ejerciese su plena soberanĂa en materia defensiva» debe emerger nuevamente, esta vez con señas europeas.
«Treinta años despuĂ©s de la firma de la Carta de ParĂs, en las fronteras de Europa, la independencia de nuestros paĂses vuelve a estar amenazada. Para enfrentarnos a estos nuevos desafĂos, Europa necesita afirmar una soberanĂa europea comĂşn en los ámbitos de la seguridad, el desarrollo de las tecnologĂas y la protecciĂłn de los bienes comunes.» – Jean-Yves Le Drian, Ministro de Europa y Asuntos Exteriores de Francia.
La PESCO debe ser algo más que un Ăłrgano que se limite a coordinar comunicaciones, intendencia, sanidad militar y vĂas rápidas terrestres y aĂ©reas para el desplazamiento de unidades militares y convertirse en un Mando Ăšnico de estrategias de defensa y recursos militares europeos. Paso previo para un ejĂ©rcito europeo. LeĂłn Blum tenĂa razĂłn, Europa no le escuchĂł entonces y lo pagĂł muy caro. La historia se repite, siempre.
II. NUEVO SERVICIO PUBLICO.
SERVIR EN LUGAR DE DIRIGIR.
Un Nuevo Servicio PĂşblico que supere las contradicciones y los fracasos de la hegemĂłnica y obsoleta Nueva GestiĂłn PĂşblica implantada por Margaret Thatcher y extendida hoy en dĂa por todo el hemisferio occidental. Un Nuevo Servicio PĂşblico que valore la importancia de las personas y no solo su productividad. Que priorice el interĂ©s comĂşn de la sociedad sin obviar los intereses particulares del ciudadano. Que empodere a la ciudadanĂa y a los servicios pĂşblicos facilitándoles espacios para el emprendimiento. Que rinda cuentas ante el ciudadano y no ante los poderes econĂłmicos o mediáticos.
III. RBU (RENTA BASICA UNIVERSAL)
NO HAY LIBERTAD EN LA POBREZA.
¿QUÉ ES LA RBU?. Wikipedia define la Renta Básica Universal como «El derecho de todo ciudadano y residente acreditado a percibir una cantidad periódica que cubra, al menos, las necesidades vitales sin que por ello deba realizar contraprestación alguna.»
- Se percibe del gobierno o cualquier otro ente pĂşblico, simplemente por ser miembro de pleno derecho de la sociedad.
- El ciudadano tiene derecho a percibirla incluso aunque no pueda o quiera trabajar, además de cualquier ingreso recibido por otros medios.
- Es una prestaciĂłn personal que no depende de las fuentes de renta ni de las circunstancias familiares del perceptor.
- No es un subsidio, ni una ayuda, ni caridad. Es un derecho subjetivo que la AdministraciĂłn se obliga a prestar a sus ciudadanos, como la educaciĂłn, la vivienda o la sanidad.
La idea ni es nueva ni es tan rompedora, es tan «utĂłpica» como en su dĂa lo fueron la prohibiciĂłn de la esclavitud, las vacaciones pagadas o la sanidad universal. Pero está perfectamente enmarcada en el progreso social, el bienestar y la sostenibilidad. Tampoco es una idea revolucionaria ni privativa de la izquierda. Organizaciones como el Club de Roma, polĂticos como Roosevelt o Barak Obama, lideres espirituales como el Papa, empresarios como Warren Buffet, Elon Musk o Bill Gates han defendido diversas modalidades de RBU. No como un tipo de socialismo uniformizador por la base, sino precisamente como superador del sistema capitalista.
Obviamente tiene detractores, especialmente desde el campo económico que argumentan su inviabilidad económica e incluso ética con argumentos de todo tipo. Analicemos algunos de estos:
DESINCENTIVA EL TRABAJO. En parte es cierto. Pero segĂşn las experiencias realizadas, la pequeña parte de la poblaciĂłn que renuncia a trabajar lo hace por razones de edad, condiciones familiares u obsolescencia tecnolĂłgica. La mayorĂa opta por quedarse en casa cuidando ancianos o niños y desarrollando una funciĂłn social. En cualquier caso, en una sociedad con unos Ăndices de desempleo de 2 cifras y donde el trabajo será cada vez un bien más escaso (*), no parece que el que un pequeño porcentaje de personas abandonen el mundo laboral vaya a suponer un problema. Más bien parece un factor que favorecerá la reducciĂłn del desempleo.
(*) SegĂşn diversos estudios, dentro de 3 dĂ©cadas, la mayorĂa de los trabajos rutinarios, peligrosos o tĂ©cnicamente no muy complejos, serán desempeñados por un algoritmo o un robot. Eso supondrá un inmensa pĂ©rdida de puestos de trabajo y un aumento brutal de gente (y de consumidores) sin recursos. El mismo sistema productivo y econĂłmico estará en juego.
ÂżNO SERĂŤA MEJOR SUPEDITAR ESE PAGO A UN SERVICIO SOCIAL? La RBU está vinculada a un derecho ciudadano: El de tener cubiertas sus necesidades mĂnimas. Además elimina los tĂpicos espejismos de la pobreza, (si recibo una ayuda por estar desempleado, es mejor seguir desempleado). Por otra parte, el ver reducido el riesgo personal es un incentivo para el emprendimiento empresarial. Algunos autores defienden que la RBU tiene un claro efecto en el impulso del emprendimiento y por lo tanto en el crecimiento econĂłmico.
ÂżES ÉTICO RECIBIR DINERO A CAMBIO DE NADA? Seguramente es el punto más controvertido. Como en todo, la casuĂstica será muy diversa y algunas veces se producirán excesos. En cualquier caso, siempre será más injusto socialmente que alguien que necesite trabajar no encuentre empleo y caiga en la pobreza.

ÂżES LA RBU UNA ESPECIE DE SOCIALISMO ENCUBIERTO? De hecho es todo lo contrario. La RBU sĂłlamente puede llevarse a la práctica en el marco de una economĂa libre de mercado. Los think-tanks conservadores norteamericanos consideran a la RBU como el «mecanismo de salvaguarda del capitalismo ante la extensiĂłn de la desigualdad» y un antĂdoto contra la inestabilidad social, como en su dĂa lo fue el Estado del Bienestar contra las revoluciones socialistas. Algunos economistas liberales van más lejos: Lo preconizan como una simplificaciĂłn de los estados del bienestar, que elimina ineficacias y costes burocráticos y es un buen soporte para flexibilizar el empleo al no dejar a nadie en situaciĂłn de exclusiĂłn ante los cambios bruscos de la economĂa y lo mercados.
ÂżCREA INFLACIĂ“N? A veces se equipara la RBU con el helicopter money (algo sĂ como arrojar millones de euros sobre las cabezas de la gente desde un helicĂłptero). Este tipo de polĂticas, en contextos de recesiones como las de Argentina, se ha demostrado que crean inflaciĂłn. Es importante no perder de vista que la RBU sĂłlamente puede implantarse en un entorno de economĂas capaces de crear riqueza. Y en ese marco no significarĂa la puesta en circulaciĂłn de una mayor base monetaria, sino la redistribuciĂłn de la base preexistente. En suma, la lucha contra la concentraciĂłn del capital en cada vez menos manos.
¡PERO ESTO ES CARĂŤSIMO!. No tanto, Se calcula que el coste de la RBU es de entre un 10 y un 25% del PIB, dependiendo del nivel de desarrollo de la sociedad (a más desarrollo menor coste). Por otra parte no se valora la carga que para la sociedad supone su NO IMPLANTACIĂ“N. Gran parte de las ayudas, subsidios, fraudes, controles, burocracias,… desaparecerĂan de los presupuestos de las administraciones, además de otros intangibles como mejora de la salud general de la sociedad, disminuciĂłn del delito, apoyo a la emancipaciĂłn de los jĂłvenes, el acceso a un empleo digno o el fin de la dependencia econĂłmica de la mujer. Finalmente, no es un dinero «gastado y perdido», ese dinero vuelve al mercado y recorre las venas de la sociedad, supone un estĂmulo a la actividad econĂłmica, al comercio y al consumo.
SI PERO, ÂżESTA FIESTA QUIEN LA PAGA?. Oiremos muchas veces esta pregunta retĂłrica. Sobre todo en boca de rentistas improductivos adoradores del mercado libre, en boca de supuestos emprendedores cuyo modelo de competitividad es pagar en B salarios de miseria, en boca de algunos apĂłstoles de la doctrina del esfuerzo cuyo Ăşnico merito ha sido heredar fortunas en tercera o novena generaciĂłn (*) y en los medios de comunicaciĂłn financiados por todos los anteriores. La respuesta es que por supuesto que la paga la sociedad. Toda la sociedad. Entre todos y todas, cada cual segĂşn sus recursos, detrayendo una parte del beneficio que la propia sociedad aporta a cada persona.

SegĂşn un estudio de la FEDEA, el fraude fiscal en España supone un 4% del PIB entre IRPF, IVA e Imp. de Sociedades, (unos 40.000 millones de €/año). Las evasiones de capital otros 7.400 millones en impuestos no declarados y las rentas inmobiliarias, propiedades ocultas y rendimientos de autĂłnomos y profesionales, lo más difĂcil de cuantificar, pero probablemente una cantidad equivalente a la suma de las anteriores. Si a eso sumamos que aproximadamente el 20% de de la economĂa en este paĂs es sumergida, simplemente eliminando una parte de este gigantesco fraude, implantando una fiscalidad equilibrada, progresiva y verde ya tendrĂamos las fuentes de financiaciĂłn necesarias para implantar la RBU. Además con superávit.

EPILOGO. Existen dos condiciones para que una sociedad pueda ofrecer una Renta Básica Universal a sus ciudadanos: Disponer de un grado de desarrollo econĂłmico que lo permita y de un corpus social culto y cĂvicamente concienciado. En suma, un entorno avanzado, que supere el marco competitivo actual para pasar a otro colaborativo. Es imprescindible avanzar hacia modelos econĂłmicos y sociales basados en el conocimiento, la innovaciĂłn y la cooperaciĂłn. SĂłlo asĂ será posible alcanzar la utopĂa de una RBU en un sistema democrático y participativo.
Hoy, una RBU estructural es imposible. Pero nada nos impide trabajar para crear el marco que lo permita. Porque lo que hoy es imposible, mañana seguramente será imprescindible.

Gukgeuk 220228
