AMORES PERROS.

CARTA A UNA AMANTE CON TENDENCIAS SUICIDAS.

Ser crítico con la Unión Europea es casi una declaración de amor. No es ser enemigo de Europa, ni ser euroescéptico, ni antieuropeo. Ser crítico es ser crítico. Se puede simultáneamente  ser europeísta y crítico con la UE, incluso me atrevo a decir que gran parte de las muchas cosas buenas de la Unión Europea, lo son gracias a sus críticos. Algunos la queremos tanto, que esa misma estima nos impulsa a criticarla. Y sin embargo tengo que confesar que nunca hasta ahora había sentido vergüenza de ser ciudadano europeo.

Esta Unión Europea mutilada desde el Brexit,  cuya mayor fortaleza ante los conflictos era la diplomacia y su capacidad  de «persuasión», cuando le estalla una guerra entre los vecinos del barrio, abandona toda mediación y se lanza a jalear a uno de los contendientes y a insultar al otro, como un vulgar pandillero.

Dice que lo hace en nombre de la soberanía y la «independencia». ¡La Unión Europea!. Que ni siquiera es un país. Que pasadas tres décadas desde Maastricht no ha pasado de ser un club de medianos y pequeños nacionalismos. Un espacio político y económico para el Lebensraun alemán. Un protectorado americano culturalmente colonizado por los USA desde hace 75 años, militarmente dependiente de la OTAN, industrialmente de China y energéticamente de Rusia, está muy preocupada… por la soberanía de Ucrania! Sería cómico si no fuese tan trágico.

En 1941 el cuñado de Franco, quiso ajustar sus cuentas pendientes con los rusos y lanzó un grito  «¡RUSIA ES CULPABLE! «. 45.000 españoles salieron a conquistar Leningrado y los últimos de ellos acabaron defendiendo el búnker de Hitler ante los rusos. 80 años después Borrell, un personajillo ególatra del que su partido quiso deshacerse dándole la patada hacia la UE, equipara ante el Parlamento Europeo a Rusia con «las fuerzas del mal», pretendiendo seguramente ajustar así sus cuentas personales con Lavrov. Por supuesto, ni los protagonistas ni las circunstancias tienen nada que ver, pero el clímax de histeria antirrusa que rezuma el mensaje es el mismo.

Rusia es profundamente europea, incluso geográficamente es su espacio más grande. Ha dado a Europa, músicos, escritores, científicos y filósofos que han dejado una profunda huella en la identidad de Europa. Históricamente ha cometido errores, como todos los grandes países… hablamos de los USA?, de España?… hay que recordar los errores históricos de ALEMANIA?. Rusia ahora también está cometiendo un error del que únicamente la historia dará su verdadera dimensión. Pero se nos olvida que también tiene en su bagaje histórico haber salvado por dos veces a Europa de sí misma. Dos veces en dos siglos.

«Se nos olvida que Rusia tiene en su bagaje histórico haber salvado por dos veces a Europa de sí misma. Dos veces en dos siglos.»

Ahora la Unión Europea pierde toda esa perspectiva histórica, sacrifica al presentismo su tradición diplomática y  confunde a Rusia con sus actuales dirigentes. Castigando a todo el pueblo ruso confisca sus cuentas corrientes, boicotea a sus deportistas, expulsa a sus artistas, censura a sus periodistas. Todo en defensa de la libertad de las ideas y de las personas. Como si una vulneración de derechos pudiese corregirse con otra.

Y no me hablen ahora de soberanías, legalidades e integridades territoriales. Hace unos pocos años, cierto país ribereño del Mediterráneo se empeñó en despedazarse, la OTAN lo bombardeó, incluida su capital. ¡Lo hizo ilegalmente y durante 78 días!. La UE colaboró en la partición del país y luego no tuvo ningún inconveniente en quedarse con los mejores trozos. Memoria.

«Allí donde la toques, la memoria duele.»

(Yorgos Seferis)

Y cuando parece que no puede haber mayor desvarío, en una actitud infantil del tipo: «pues ahora no respiro», la Unión Europea se embarca en una espiral de sanciones que no está claro si van a perjudicar más a Rusia o a la propia UE y además envía armas que acaban en manos de la población civil, (algo ilegal en las leyes de la guerra, porque un civil armado no está protegido por los Convenios de Ginebra). Mientras tanto, China y USA van haciendo sus cuentas sobre el reparto del  espacio geoestratégico que quedará después de esta cagada colectiva de Europa.

Esto no es un conflicto ideológico. Pues claro que no. No es una guerra entre comunistas y nazis, ni las tropas rusas son el ejército rojo, ni Putin el Primer Secretario del Soviet Supremo. No hay buenos y malos, no hay los nuestros y los otros. Y desde luego lo que no es es una guerra entre Rusia y Europa, es una pelea entre ultraderechistas y ultranacionalistas. Y podemos colgar las etiquetas en cualquiera de ambos bandos porque a ambos les encajarán como un guante.

Europa se empeña en suicidarse. Cuando esto termine, sea cual sea el desenlace, quedarán 2 superpotencias: China y USA. Pero, como en el cuento de Monterroso, Rusia seguirá ahí, en Europa, donde siempre ha estado. Y la UE habrá roto los puentes que siempre le han unido a ella, será más dependiente que nunca y cruzará los dedos mirándola de reojo.

O la Unión Europea se pone inmediatamente a construirse, esta vez en serio, se sacude de una vez el obsoleto protectorado de la OTAN, construyendo su propia defensa, o mejor aún, acordando con Rusia la arquitectura defensiva de Europa, algo que Rusia lleva 15 años pidiendo, o para la próxima generación Europa ya solo será esa pequeña parte de Eurasia que predecían los analistas de Clinton.

Δόξα στην Ευρώπη!

@gukgeuk 220304

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